Como la mayoría de los influencers; o al menos los buenos, la supermodelo Ashley Graham sabía lo que estaba haciendo a principios de esta semana cuando publicó una foto en Instagram que algunos consideran una violación a los “estándares de belleza tradicionales”, por lo poco halagadora que se muestra a sí misma.

Cinco días después de anunciar su embarazo, también a través de Instagram, Graham compartió una imagen muy cercana y personal de su cuerpo embarazado: estrías en su estómago y muslos, senos cubriendo los pliegues de sus caderas. La foto iba acompañada del siguiente mensaje: “lo mismo pero un poco diferente”.

https://www.instagram.com/p/B1MYIp2AIIb/ Credit: Ashley Graham/Instagram

Hay una buena razón por la cual este movimiento se ha recibido con gran entusiasmo (al momento de escribir esta nota, la publicación ha recibido más de 1.2 millones de me gusta). Al hacer público su flacidez en el embarazo, Ashley busca mostrar los lados menos glamorosos y los efectos secundarios del embarazo, dando permiso a las mujeres para que confirmen que no existe la perfección aunque seas una Top model. 

Para lograr mayor crudeza; aparentemente adrede, la futura madre decidió no incluir su hermoso rostro en la foto, para no desviar la atención del cuerpo cambiante que quiso mostrar.

La publicación de Graham está muy lejos de la típica foto de embarazadas famosas y desnudas, la oda a menudo glamorosa, a veces con Photoshop (a veces no) sobre cómo Hollywood muestra la maternidad: recordemos la icónica portada de Demi Moore en Vanity Fair en el año 1991. Con aquella publicación hubo empoderamiento en esa imagen de Moore, que sirvió para exponer el cuerpo de la embarazada y encender la idea de que perder las “perfecciones” de la juventud antes del embarazo no era nada para avergonzarse.

Y aunque el cuerpo de Moore en esa foto era de hecho más grande: la barriga redonda, los senos llenos y los muslos sólidos que vienen con el embarazo, todavía eran bastante perfecto, bellamente iluminado y presentado de una manera que finalmente sirvió no solo para normalizar sino para crear un fetiche en torno a la imagen. Y, por supuesto, vender revistas.

Es por eso que la imagen de la celebridad desnuda embarazada ha perdurado, volviéndose aún menos defectuosa a medida que pasan los años. En los últimos años, el concepto se ha repetido para presentar cuerpos expectantes cada vez menos imperfectos en las redes sociales y en revistas, casi siempre tensos y en forma, incluida la cantante Beyoncé (posada en ropa interior rodeada de flores, en Instagram), la tenista Serena Williams (portada de Vanity Fair) y Jessica Simpson (portada de la revista Elle).

Pero Graham ha hecho una carrera luchando contra los estándares de belleza poco realistas. Se autodenomina “activista del cuerpo” y publica muchas de sus imágenes con el hashtag #BeautyBeyondSize.

En el año 2015, la modelo dictó una charla TED sobre su experiencia frente a las demandas dentro de la industria del modelaje y asumió el problema con la etiqueta, “modelo de talla grande”. Ella continúa dando charlas a las adolescentes sobre la imagen corporal y el empoderamiento femenino,  su podcast “Pretty Big Deal”, permanece repleto de invitados famosos y ha sido un éxito instantáneo.

Con la revelación de su embarazo, Graham, la empresaria, también está ampliando de manera brillante su audiencia. Como escribió un comentarista: “estoy embarazada, hormonal y sufro tantos cambios corporales. Esto me hizo llorar. Realmente necesitaba esto hoy”.

No quiere decir que se dude del deseo genuino de Graham de derribar muros, pero es una prueba de que las marcas más inteligentes en estos días son las que no intentan ser nadie más que ellos mismos. También es una prueba de que hay un apetito por saber que la belleza se presenta en muchas formas, tamaños y tonos de piel, y con mucho espacio para crecer.

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