Maduro, Morales, Díaz-Canel y Castro. REUTERS / Stringer

El llamado “Foro de Sao Paulo” fue fundado, en 1990, por el Partido de los Trabajadores (PT), de Brasil, por no decir que por el líder socialista Lula da Silva, quien llegaría a la presidencia de su país en enero de 2003. Fue integrado desde su fundación por los partidos y agrupaciones de izquierda de toda Latinoamérica con el objeto de unificar talentos, recursos y esfuerzos de los partidos y movimientos de izquierda, para debatir en los escenarios internacionales después de la caída del Muro de Berlín y confrontar las consecuencias del neoliberalismo en los países de Latinoamérica y el Caribe.

En realidad, había surgido como iniciativa de Cuba, de Fidel Castro, quien tuvo como motivación la crisis derivada del declive de su fuente de subsistencia cuando se extinguió la Unión Soviética. Veinte años después, el año 2010, la mayoría de sus miembros ejercían el Gobierno, y la dictadura comunista de Cuba ejercía el liderazgo político de la región.

Ellos decidieron desde el principio copar y operar temas de grupos sociales, sectoriales, funcionales y territoriales como el feminismo, el ecologismo, el regionalismo, el indigenismo, la defensa de género y todos los temas factibles de ser enfrentados a la democracia, la cual para ellos era sinónimo de Neoliberalismo. Así, multiplicaron los ejes de confrontación para remodelar y disfrazar la derrota del comunismo marxista soviético que arrastraba al castrismo.

La década de los 90 fue considerada la “década perdida para los izquierdistas del Foro de Sao Paulo”, porque no pudieron desestabilizar ni afectar seriamente el creciente fortalecimiento de la democracia latinoamericana, y atribuyeron ese fracaso a la falta de recursos económicos, de dinero, en momentos en que Cuba, motor y promotor principal del Foro, pasaba por su peor crisis de miseria (los días del llamado “periodo especial”). Las democracias fuertes de la región, indolentes respecto a la situación del pueblo cubano, es la verdad, nada hicieron para la recuperación de la democracia en Cuba, justo cuando hubo la oportunidad para ello. Puede decirse, entonces, que fue también la década perdida para la democracia de Latinoamérica que no se consolidó y permitió la supervivencia de la dictadura en Cuba y su emulación consecuente con la llegada de Chávez al poder en Venezuela, y con este el dinero y el petróleo venezolanos de su mano.

La alianza cerrada entre Chávez y Castro resucitó a Cuba y a su dictadura y permitió su estabilización, al punto de reactivar su obsesivo propósito de expandirse por las Américas convirtiendo al derrotado foquismo guerrillero de los sesenta y los setenta en foquismo electoral, no exento de abusos y violencia. Chávez, con los abundantes recursos venezolanos, fue la piedra angular de ese proyecto, y se hizo líder regional con un Castro aparentemente subordinado y devenido en el “Gran Oráculo de la Habana”. En principio los recursos para tales políticas los ponía Chávez, fluían solo de Venezuela, y lo hacían descaradamente, hasta que Lula da Silva llegó al poder, y, a partir de 2003, puso en marcha la más grande y grosera maquinaria de corrupción política transnacional institucionalizada, en conchupancia con y a favor de sus compinches del Foro de Sao Paulo.

El Movimiento Bolivariano, proyecto Alba o Socialismo del Siglo XXI es el engendro del Foro de Sao Paulo, para hacerle creer a Hugo Chávez que él lideraba el movimiento de las izquierdas latinoamericanas, porque era el que ponía la plata, cuando, en realidad, las estrategias, los objetivos y lo demás siempre estuvieron y están bajo control de la dictadura cubana. La muerte de Chávez puso las cosas en su lugar, y el poder se concentró sin disimulos en los Castro, en Cuba, siempre a través de su instrumento político: el Foro de Sao Paulo.

La cara más siniestra de esta organización comunista se vio en los últimos tiempos, cuando fiscales y jueces de Brasil y de otros países develaron el mayor entramado de corrupción política transnacional de Latinoamérica, organizado y activado por los líderes de la izquierda desde el Foro de Sao Paulo.

Sin duda la expresión de corrupción política de más alto nivel que se conozca, la cual involucra cerca de 15 empresas constructoras de Brasil, y que, a partir del caso “Lava Jato” y de las confesiones del empresario Odebrecht, dejó claro que el principal objetivo y la consigna de los llamados socialistas del Foro de Sao Paulo era que nunca más les faltara dinero para la acción política. Eso parece estar por acabárseles.

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