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Este artículo apareció en Infobae: https://www.infobae.com/america/mundo/2019/06/16/como-llevar-un-iceberg-de-la-antartida-a-sudafrica-para-superar-la-crisis-de-agua-potable/

 

Durante buena parte de 2017 se pensó que Ciudad del Cabo, donde viven casi cuatro millones de personas, se iba a quedar sin agua. Todo el año 2018 hubo restricciones severas: duchas de dos minutos, 50 litros de agua por persona por día para beber, cocinar, higienizarse. Ese límite, y algunas lluvias, permitieron evitar el desastre, pero el problema de fondo permanece. Hoy la gente puede usar hasta 70 litros de agua diarios.

Nicholas Sloane —un experto en salvamentos, famoso por haber recuperado los restos del Costa Concordia, el crucero que en 2012 naufragó cerca de la isla del Giglio, Italia, y dejó 32 muertos—, quien vive en esa ciudad de Sudáfrica golpeada por la sequía, ha propuesto una idea descomunal: transportar un iceberg desde la Antártida y estacionarlo, protegido con una tela aislante, frente a la costa. El capitán, aventurero, estaría al frente de la operación.

El iceberg ideal, de un kilómetro de largo por 500 metros de ancho y 250 metros de profundidad, podría brindar 150 millones de litros de agua fresca todos los días durante un año. Sería, probablemente, el agua más cara del mundo: la operación podría costar más de USD 200 millones.

“Ya no volveremos a los tiempos en que el agua corría en el Cabo”, dijo a Bloomberg Businesweek. “Si el grifo se seca, el primer día las personas van a hacer cola en los puntos de distribución de agua de la ciudad. El segundo día, si no consiguen el agua, se van a matar entre sí”. Para evitarlo quiere llevar 125 toneladas de hielo de la Antártida a Sudáfrica, lo cual cubriría del 20% al 30% de las necesidades de la capital durante un año.

Su proyecto Hielo del Sur ha convocado a glaciólogos, oceanógrafos e ingenieros, además de financistas como dos bancos y la empresa suiza de tecnología de aguas Water Vision. Sloan busca un acuerdo con el gobierno para que compre el agua si el plan tiene éxito. “Nosotros asumimos todo el riesgo”, dijo. Estimó que el mejor momento era en noviembre o diciembre, cuando se acerca el verano en el hemisferio sur.

Aunque la idea suene descabellada, el mundo enfrenta un gran problema potencial de agua para consumo humano. Unos 2.100 millones de personas no acceden hoy al agua potable, y según la Organización de las Naciones Unidas la demanda superará la oferta en un 40% hacia 2030. La desalinización es cara, consume mucha energía y desecha químicos que destruyen el medioambiente; además de saber mal, el agua desalinizada aumenta entre un 6% y un 10% la enfermedad coronaria.

“Mientras tanto, más de 100.000 icebergs antárticos se derriten en el océano cada año“, observó el artículo. “Según algunos cálculos, contienen más que el consumo global de agua potable en un año”. De la Unión Europea a los Emiratos Árabes Unidos, distintos proyectos han considerado el uso de los hielos polares, sin llegar a resultados.

Sloane se concentra sólo en los icebergs de la Antártida, porque son cientos de veces más grandes que los árticos y tienen forma regular, lo cual los hace más estables. Con datos satelitales, el equipo identificará el bloque perfecto —cada día hay unos tres o cuatro candidatos—, en lo posible alrededor de la isla de Gough, que queda a unos 2.000 kilómetros de Ciudad del Cabo, a mitad de camino hacia el polo sur.

El siguiente paso sería estudiar el iceberg físicamente, con escaneos de sonares y radares para determinar si tiene fallas estructurales. Si es adecuado, dos remolcadores lo rodearan con “una red de Dyneema, un supermaterial que, a diferencia de los cables metálicos, es neutral en términos de flotación y también más fuerte y mejor preparado para las temperaturas bajas, la fricción y la tensión”, detalló el texto. La red de USD 25 millones luciría como un cinturón en el hielo.

El iceberg se uniría a dos superpetroleros, ubicados a un kilómetro y medio y con unos 300 metros entre sí, que lo moverían muy lentamente, acaso a uno o dos kilómetros por hora; aun así, al llegar se habrá perdido el 8% de la masa. Por su escasa capacidad de dirección, cada barco transportador tendrá un remolcador como guía. “La operación deberá estar asegurada por Lloyd’s de Londres, en caso de que el iceberg se rompa en el camino y deje restos peligrosos en la ruta de otras naves”.

El viaje demoraría entre 80 y 90 días hasta el noroeste de Ciudad del Cabo, donde quedaría encallado a unos 40 kilómetros de la costa para aprovechar el frío moderado de la Corriente de Benguela. Allí, detenido por un sistema de amarre de 1.000 toneladas, el iceberg sería protegido con una cobertura geotextil de 800 toneladas y USD 22 millones para reducir el impacto de las olas. “Permitirá que el agua limpia pase, creando así una amortiguación de frío, mientras que mantiene el agua salada fuera“, explicó la publicación.

Para obtener el agua se utilizaría maquinaria de obras, como fresadoras, para excavar un hueco plano que permita derretir entre 60 y 150 millones de litros por día, que se depositarán en una flota de barcos contenedores rotativos. Una vez en tierra, el agua pasaría a un sistema de cañerías donde se mezclaría con agua de las reservas municipales.

Sloan cree que el iceberg podría durar un año antes de romperse, algo que estima que sucedería cuando llegara al 30% de su tamaño original. Pero no tiene certezas: “Nadie ha intentado esto, así que habrá descubrimientos inesperados“, dijo a Bloomberg.

Por ahora el trabajo principal del equipo es una evaluación del impacto ambiental de llevar un cubo de hielo gigante a la costa de África. “No tenemos idea de lo que algo así haría a las dinámicas de los ecosistemas atmosféricos y oceánicos“, advirtió Marcello Vichi, profesor de oceanografía de la Universidad de Ciudad del Cabo. Alan Condron, del Instituto Oceanográfico Woods Hole, analiza modelos según tasas de deshielo y rutas posibles, entre otros.

“El precio de llevar agua antártica será quizá el obstáculo mayor”, cerró el artículo. “Sloane dice que podría costarle a la alcaldía el triple de lo que se paga ahora por la distribución de aguas de superficie”. Los críticos también apuntan al costo: “Esta propuesta no se consideró adecuada”, dijo Xanthea Limberg, miembro del comité municipal de servicios de agua y cloacas.

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