Este artículo fue publicado originalmente en este website.

Este artículo apareció en Infobae: https://www.infobae.com/america/mundo/2019/06/26/del-escepticismo-a-la-conquista-del-mundo-historia-del-aire-acondicionado/

 

Cuando el melodrama Hazel Kirke se estrenó en Madison Square Theatre, de Nueva York, en 1880, se convirtió en el éxito del verano boreal. Un hombre le explicó a un periodista: “La obra me gusta, por cierto, pero —entre nosotros— todos la sabemos ya de memoria. Venimos en grupos de la familia para estar frescos. Es el lugar más fresco, excepto Coney Island, para pasar la noche”. Había multitudes apretujadas, había iluminación y otros factores de calor, pero en esa sala había, también, por primera vez en un espectáculo público, aire acondicionado.

La historia está contada en Cool: How Air Conditioning Changed Everything (Fresco: Cómo el aire acondicionado lo cambió todo), de Salvatore Basile, sobre el artefacto que está en las listas de los inventos más grandes de la historia, a la vez que en la de culpables del consumo de energía y la producción de gases del efecto invernadero, en un planeta con temperaturas globales crecientes.

“Vivo en Nueva York, una ciudad que no existe sin aire acondicionado”, escribió Basile, cuyo libro destacó la publicación de Smithsonian Institution mientras Europa sufre una ola de calor y el verano eleva el consumo eléctrico en México y los Estados Unidos.

“Si miramos hacia arriba, la mayoría de las ventanas están ocupadas por zumbantes traseros metálicos. Alrededor hay un rumor inconfundible y reconfortante que crean batallones de compresores. Todo el mundo lo acepta como si siempre hubiera sido así”. Pero no siempre fue así. “¿Qué hacia la gente, en el pasado, cuando los edificios se volvían demasiado calientes para soportarlos? ¿O las calles? ¿O la ropa? ¿O sus propios cuerpos?”.

Hubo mil intentos, recorrió el libro, y antes que con el fracaso toparon con el escepticismo. El calor era un regalo del cielo, ¿quién querría enfriar el aire? El verano era la mejor época del año. Hasta que llegaba.

Entonces la gente buscaba escapar del calor por las noches en los parques (pero cerraban) y en las azoteas de casas y edificios (aun a riesgo de caer y morir). Hasta mediados del siglo XX, la gente sudaba en las oficinas, y en las fábricas mucho más. Los varones llevaban pañuelos para secarse el sudor; las mujeres se abanicaban (y se desmayaban). Cualquiera podía morir en las olas de calor.

“Cuando se inventó una máquina llamada Aparato para Tratar el Aire, se trató del último de millones de artefactos que habían intentado combatir el calor. Estos artilugios tenían una historia que se remontaba a los tiempos bíblicos y antes, e incluían cualquier cosa desde agua, esclavos y electricidad, hielo hecho de vapor y aire frío hecho de químicos letales, ventiladores mecánicos, camas refrigeradas, fuentes glaciales”. En 1922, cuando Willis Carrier lo presentó, su Aparato “no era menos disparatado que cualquiera de los otros inventos que se habían probado”.

Sin embargo, este funcionó, aunque no recibió una bienvenida inmediata: “ignorancia, desaprobación y hasta condena piadosa” se contaron entre las reacciones que hicieron que se demorase décadas en popularizar el dispositivo que hoy muchos incluyen entre las necesidades de la vida.

Argumentó Basile: “Tenemos que recordar que todo gran invento es un triunfo no sólo de la tecnología sino también del marketing, por no hablar de un poco de relaciones públicas inteligentes. Y el aire acondicionado no es la excepción”. Por ejemplo, salas como el Madison Square Theater y, sobre todo, los cines de barrio hicieron mucho para la masificación de la máquina de enfriar el aire.

En Smithsonian.com Haleema Shah ilustró que actualmente casi el 75% de las viviendas en los Estados Unidos tienen aire acondicionado, muchas más que las que tienen garage o comedor. El invento de Carrier permite que, por ejemplo, se venda chocolate en verano y se trabaje en espacios cerrados aunque haya temperaturas altas récord: “Ha cambiado nuestro mundo al punto que la gente puede desarrollar vidas muy normales durante los meses calurosos, algo que no pasaba antes”, le dijo Basile.

La historia comenzó cuando el calor puso en peligro la reputación de la imprenta Sackett-Wilhelms Lithographic and Publishing, de Brooklyn. El ingeniero Carrier, de 25 años, los convenció de que probaran con un sistema de refrigeración que iba a reducir la humedad en el ambiente, y su imprenta funcionaría sin dejar manchones.

Usó un ventilador industrial para soplar aire sobre serpentines de vapor que contenían agua fría; la humedad que sobrara se condensaría en los serpentines y enfriaría el aire que echaba el ventilador. Pero su duración era limitada. Carrier continuó trabajando y en 1922 “creó el Compresor de Refrigeración Centrífuga, más seguro, más pequeño y más poderoso, el precursor del aire acondicionado moderno”, explicó Shah. Uno de los primeros se encuentra en el Museo Nacional de Historia del Smithsonian.

Antes del invento exitoso, en 1748 el profesor William Cullen, de la Universidad de Glasgow, Escocia, había creado una tecnología de refrigeración al evaporar líquidos en el vacío, y un siglo más tarde que él el médico John Gorrie, que atendía enfermedades tropicales en el estado caluroso y húmedo de la Florida, ideó una “máquina helada”, que utilizaba un pequeño motor a vapor, para facilitar el tratamiento de sus pacientes.

Gorrie quiso patentar y producir su creación, pero enfrentó el lobby de los comerciantes que llevaban hielo del norte al sur de los Estados Unidos; no logró un inversor y murió en la pobreza.

Como un predicador, Carrier, en cambio, se abrió camino entre la cultura tradicionalista y el impulso de la modernización: los industriales comenzaron a ver las ventajas económicas de controlar la temperatura de fábrica y comercialización de sus productos; la prensa transmitió con entusiasmo la novedad.

Entonces, ya en las primeras décadas del siglo XX, los cines de barrio sumaron, a su oferta de películas por cinco centavos, un ambiente fresco en el verano. Así el Aparato se acercó a los hogares, a los que ingresó hacia los ’50.

En 1945, la revista Life publicó cuatro páginas sobre el asunto: “Aire acondicionado: luego de la guerra será lo suficientemente económico como para instalarlo en los hogares”. Lo que antes era un lujo —el rey de Siam, Prajadhipok o Rama VII, había ordenado unidades para su palacio en 1931— ahora se fabricaría en grandes cantidades para el mercado de masas.

Actualmente el dispositivo, en sus distintas formas —central, split, de ventana— se diseminó por el mundo, aunque los Estados Unidos son el país que más energía gasta en aire acondicionado: literalmente, más que el resto de los países combinados. En 2016 la cifra llegó a 616 terawatt-horas (TWh), mientras que la Unión Europea, que tiene una población 1,5 veces mayor, utilizó 152 TWh para refrigerar el ambiente. Países en extremo cálidos como la India, debido a su menor desarrollo, consumen unos 91 TWh.

Deja tu comentario desde Facebook