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Este artículo apareció en Caraota Digital: http://www.caraotadigital.net/carrusel/luis-guillermo-espinoza-una-historia-de-suenos-frustrados-por-el-arma-de-un-gn-en-carabobo/

 

Zulmi sonríe. Aprendió a hacerlo de forma automática. Ya han pasado dos años desde que el disparo despiadado de un funcionario de la Guardia Nacional le cambiara la vida al arrebatarle el sueño a su hijo de ser futbolista profesional, y postrarlo en una cama por más de dos meses hasta que ya no pudo más y murió. Ella ahora lucha para que Luis Guillermo Espinoza no sea simplemente el último en la lista de 22 fallecidos en las manifestaciones de calle que se dieron en Carabobo durante 2017. Pero es una pelea que libra contra el poder y el mal que ha desaparecido evidencias e inclina la balanza de la justicia a su conveniencia.

Ella trata de llevar una vida normal, aunque muchas veces le gana la tristeza. «En ocasiones simplemente quisiera no existir más», expresó entre lágrimas, esas mismas que no ha dejado de botar desde la tarde del 5 de junio, cuando el joven de 15 años fue herido mortalmente mientras participaba, en la avenida Don Julio Centeno del municipio San Diego, en un plantón nacional convocado por la oposición al régimen.

«No ha sido nada fácil. No acepto todavía que él haya fallecido, que lamentablemente partió de este mundo terrenal, yo se que él está mejor que todos nosotros porque aquí no se vive sino la decadencia. El proceso que he vivido es muy fuerte, no tengo palabras para explicar el dolor que se siente perder un hijo», contó.

Totti, como le decían a Luis Guillermo por su afición al fútbol y su manera particular de cubrir la arquería desde los cinco años, luchó por su vida dos meses y ocho días. Fue el 13 de agosto cuando falleció en la terapia intensiva de la Ciudad Hospitalaria Dr. Enrique Tejera (Chet). El día que fue herido, pasó por otros cuatro centros de salud en busca de un lugar donde le practicaran una tomografía. «Ese día comenzó nuestra travesía, porque no teníamos ni para pagar la clínica en la que solo estuvo unas horas».

Zulmi estaba de regreso a su casa, al sur de Valencia, cuando su hermano la encontró y le dijo que se montara en el carro porque su hijo estaba en el Hospitalito de San Diego. Ella pensó de inmediato que se trataba de una lesión durante la práctica de fútbol, hasta que le dijeron que fue herido en una manifestación. «Igual yo nunca imaginé que era tan grave, sino que tenía algunas heridas de perdigones en las piernas, quizá».

Pero era mucho más serio. En la tomografía que le practicaron se evidenció que había sufrido una herida por arma de fuego y que tenía una esquirla de la bala alojada en el cerebro. A eso se sumó que, por el impacto, Totti perdió la visión en ambos ojos y estuvo por 21 días en coma inducido mientras le suministraban el tratamiento para disminuir el tamaño de los hematomas que le surgieron.

Durante su estadía en la Chet, Zulmi vivió la crisis de salud en primera persona. Vio pacientes desangrarse, muchos que entraban y morían al poco tiempo, otros que ingresaban con alguna lesión y se complicaban con bacterias hospitalarias. Todo eso en un espacio de cinco metros cuadrados donde dormía y pasó cada minuto pendiente de la estadía de su hijo en la terapia intensiva.

Ella, de religión cristiana, sintió por momentos que Dios la había abandonado. «Pero no fue así. Siempre estuvo con nosotros porque en medio de tantas precariedades nunca nos faltaron las medicinas porque la gente nos las donaba o nos ayudaba económicamente».

Sin embargo, hubo situaciones que no contribuyeron con la recuperación de Luis Guillermo. «No le daban la comida a mi hijo que yo entregaba, tampoco le administraban el tratamiento como se debía, y una vez hasta lo conseguí desconectado del respirador mecánico. Cuando mi hijo murió estaba desnutrido y eso no se justificaba. Por eso yo no dejé que nadie lo viera y se le rindieron sus honores fúnebres con la urna cerrada».

Pero eso no fue todo. Cuando Zulmi decidió tomar las riendas de la investigación del caso se consiguió con que no había registro de los resultados de la primera tomografía, en la que se veía claramente la esquirla de la bala alojada en el cerebro del joven, lo que se traduce en la desaparición de evidencias. Y en el informe de la autopsia, procedimiento al que se le prohibió la entrada, se establece que no había esquirla.

A eso se suma que en las solicitudes que se ha hecho ante la Guardia Nacional para que envíe a fiscalía la lista de los funcionarios que participaron en la represión del 5 de junio de 2017, la única respuesta que se recibe es que hacia San Diego no se mandó a uniformados de ese cuerpo castrense, pese a que hay videos que indican lo contrario y que testigos del hecho vieron claramente que eran ellos quienes dispararon, y que a Luis Guillermo fue uno en particular quien lo abordó para herirlo en la cabeza.

Pero hay algo que tiene claro Zulmi: «Solo lograremos justicia cuando este gobierno cese, porque Tarek Wiliam Saab no hará nada para que se esclarezca el caso de mi hijo y de todos los demás que aún son un limbo jurídico», expresó ya sin esa sonrisa automática en su rostro, sino con la expresión más genuina de rabia, tristeza e impotencia.

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