El volumen de cuentos Hacia la extinción, del escritor Oliverio Coelho, construye en 13 relatos una atmósfera que por momentos se torna distópica aunque no escapa a su contacto con la realidad, a través de personajes singulares, solitarios, cuyas vidas se topan con un hecho inesperado que trastoca sus lógicas cotidianas y que los expone a experiencias de lo más imprevisibles, siempre en búsqueda de algún tipo de salvación.

Una pareja que en su viaje a Europa lleva para leer La novela Luminosa de Mario Levrero y empieza a vivir una seguidilla de experiencias similares a las de los personajes; un hijo que descubre a un hombre que imita a la perfección a su padre muerto; una sociedad sin mujeres en la que un varón se encuentra con una de ellas y se enfrenta a dilemas morales y éticos.

Los disparadores de Hacia la extinción, publicado por el sello mexicano Almadia en 2013 y reeditado aquí por Factotum, marcan el tono de las historias, los ambientes, los recorridos de los personajes, donde lo cotidiano se ve amenazado por algún elemento disruptivo. Hasta en el comienzo figura esa idea: “Cierta tarde indiferenciable de todas las anteriores, recibí el primer llamado”, escribe el narrador en El umbral.

Elegido en 2010 por la revista literaria Granta como uno de los 22 mejores escritores jóvenes de habla hispana, Coelho (Buenos Aires, 1977) es autor de las novelas Tierra de vigilia, Los invertebrables, Borneo, Promesas naturales, Ida, Un hombre llamado Lobo y Bien de frontera.

¿Cómo se reunieron los relatos de Hacia la extinción?

-No busqué un hilo al escribirlos, ya que son cuentos de distintas épocas, pero sí intenté hallar continuidades al hacer la selección. Se me hizo evidente que aún cuando la prosa hubiera cambiado mucho a lo largo del tiempo, había en el interior de los cuentos un hueso común, que no sé cómo definir: mi idea era que formaran un esqueleto y cada cuento encajara con otro, igual que en un rompecabezas.

Hay un elemento constante que es la imprevisibilidad, algo que irrumpe y trastoca lo lógica. ¿Qué te interesaba construir narrativamente?

– Casi todos los relatos se originan en una interrupción de lo cotidiano. En realidad más que buscar construir algo narrativamente, busco la excusa para narrar. Esa dislocación es lo que personalmente afirma el sentido de sentarme a escribir. De alguna manera, todos los cuentos empiezan con algo así: “siéntense y oigan, voy a contar algo extraordinario”. Una fórmula ancestral si se quiere…

Y esa imprevisibilidad se vincula aquí con lo distópico, aunque en realidad son mundos realistas los que trabajás, ¿cómo manejaste ese encuentro de géneros?

-Creo que el clima distópico va por fuera de este afán de imprevisibilidad, es más un efecto atmosférico o un modo de espejar el interior de los personajes. Pero es cierto que detrás de estos posibles mundos subyace el realismo. Se fue dando de a poco ese encuentro y no fue premeditado.

Los cuentos aquí reunidos fueron escritos a lo largo de muchos años ¿qué marca imprime esa peculiaridad a este libro?

Hacia la extinción puede ser leído como una biografía de asuntos, temas e intereses que fueron modificándose o reciclándose. Al fin y al cabo un escritor tiene dos o tres asuntos en su obra. Los cuentos más actuales son Hacia la extinción y El ocupante, y un poco definen mi preocupación por los rasgos del hombre contemporáneo: un hombre en el que, hipotéticamente, a esta altura, no queda nada del primer hombre y sin embargo se ve invadido por un impulso primitivo cuando descubre, como en el caso del protagonista de El ocupante, que alguien usurpó la identidad de su padre muerto.

Hay además en este libro una marca de viaje. Tal vez el cuento que más condensa esa idea del tránsito es Hacia la extinción, donde la pareja protagonista viaja por Europa. Si bien el relato a veces parece no situarse en escenarios reales, luego, de algún modo, se cuelan esas conexiones con lo real.

– Puede ser que el relato que da título al libro sea el más realista, aunque creo que tiene algo de relato amoroso mítico. Y un poco es la capa exterior del libro o la piel, el protagonista es una pareja, ya no un solitario, y cumplen un destino de ficción, y se ven tomado un gran libro, La novela luminosa, que fortalece el pacto amoroso.

Los personajes de Hacia la extinción tienen una espesura muy particular, grisácea, solitaria, enajenada. Ese perfil de personaje es una constante en tu obra.

– Están abandonados en sí, muchas veces enajenados, y en otros pocos predestinados a una obsesión y a la fatalidad. Los personajes, incluso cuando entre un texto y otro disten 15 años, pertenecen a la misma familia de solitarios. Es el tipo de personaje en el que trabajé y sigo trabajando, ya que el solitario es una suerte de prototipo político, no cooptado por las instituciones, pero tampoco libre del todo. Es decir, el solitario es una figura conflictiva, anti sistema.

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