El 19 de enero de 2001 por primera vez en su historia delictiva, cuando Vicente Fox apenas cumplía 50 días en la Presidencia, “El Chapo” logró una espectacular fuga del Centro Federal de Readaptación 2, de Puente Grande, Jalisco, lugar al que había ingresado en noviembre de 1995.

En el momento de su primera fuga, en 2001, fungía como director del Cefereso 2, en Puente Grande, Leonardo Beltrán Santana, considerado un experto en el manejo de prisiones y de reos, al haber pasado incluso por la dirección del desaparecido reclusorio federal de Islas Marías, pero en ese año se topó con Guzmán Loera.

Para desgracia de Leonardo Beltrán, “El Chapo” exhibió las debilidades de la administración del Cefereso y sacó a relucir la red de corrupción que el narcotraficante fincó casi en sus narices.

Javier “El Chito” Camberos, empleado de mantenimiento del Cefereso 2, dijo en su declaración ministerial que él había sacado envuelto en sábanas y dentro de un carrito de lavandería de Puente Grande a “El Chapo”. Después de la fuga ese centro penitenciario fue bautizado como “Puerta Grande”.

Para los periodistas que en aquel entonces lograron entrevistar a Beltrán Santana, queda claro que el primer gran sorprendido con la fuga de Guzmán fue él. Por desgracia fue acusado de evasión y permaneció más de 9 años en prisión. Junto a él, 72 custodios también terminaron encarcelados.

La segunda fuga de “El Chapo” ocurrió el 11 de julio de 2015, cuando con apoyo externo logró construir un túnel de más de un kilómetro, desde la cárcel del Altiplano, en el Estado de México, hasta un predio cercano a ese penal. Finalmente fue recapturado seis meses después en Sinaloa.

Hace unos años el fundador del cártel del Sinaloa era ubicado con el número 701, en la lista de los hombres más ricos del mundo. Ese hombre logró convertirse en menos de dos décadas en un antihéroe, a pesar de la sentencia en su contra.

Su leyenda y su fortuna se forjaron en forma meteórica, entre 1995 y 2019. En su biografía se anotaron dos grandes fugas en menos de 15 años y varios intentos de asesinato en su contra. Destaca el asesinato del cardenal de Guadalajara ocurrido el 24 de mayo de 1993, cuando a ese prelado lo confundieron con Joaquín Guzmán.

El otro 19 de enero en la vida de “El Chapo” corresponde al tercer jueves del 2017, cuando las autoridades mexicanas deciden sacarlo del Cefereso 9, de Ciudad Juárez, y extraditarlo a Estados Unidos, para ser juzgado por narcotráfico y otros delitos.

Por paradójico que parezca, justo cuando se conoce la condena contra Guzmán Loera, desde la Expo Guadalajara, la edición de Intermoda 2019 exhiben y venden camisetas con diseños alusivos al “rey” de narcos por 800 pesos, fajos piteados y adornados en plata o gorras de 400 pesos, fetiches hechos al amparo de la leyenda negra creada por “El Chapo” Guzmán a pesar de que él no pueda ver, ni mucho menos gozar de la simpatía de sus seguidores.

*Periodista radicado en Jalisco

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