LeBron James, una leyenda y campeón con todas las letras que certifica su lugar con los Lakers

«Mi expectativa es tratar de mejorar cada día. No es que espero algo, porque uno trabaja para lo que quiere». Julio de 2018 no será un mes más para la rica historia de Los Angeles Lakers. En ese momento, el gran dominador de la última década, con ocho Finales consecutivas sobre sus hombros en dos equipos diferentes, tomaba la decisión de sumarse a una de las organizaciones más icónicas de la liga. A una franquicia que llevaba casi una década, esa que coincidió con su dominio, muy lejos de su lugar habitual: el de conseguir títulos. En ese momento, LeBron James, el hombre en cuestión, largaba esa frase en medio de su primera atención a la prensa vestido de oro. Una absoluta declaración de principios.

Ese LeBron de 2018 no fue el mismo que, en su presentación en Miami, prometió «no uno, no dos, no tres, no cuatro…» en relación a anillos. Ese LeBron, por supuesto, fue otro. Y es que no sólo era (y es) otro jugador, evolucionado y mejorado hasta la máxima potencia, sino que también era (y es) otra persona. Lógica absoluta, ya que todo ser humano suele madurar con el correr de los años. Pero en esa declaración de principios en su llegada a California había un mensaje por demás claro y fundacional de James: él trabajó y trabaja para lo que quiere, porque el trabajo, algo que sólo él puede controlar, es su motor. Lo que quiere es la grandeza. Y en ese camino de grandeza acaba de dar otro paso que lo instala definitivamente en el Olimpo de los más grandes de todos los tiempos.

Y que quede claro: no se trata de los Michael Jordan, los Magic Johnson, los Kobe Bryant o cualquier otra leyenda que salta sobre la mesa a la hora de debatir y ponderar a los mejores de la historia. Reducir la enorme excelencia que desfiló año a año en la NBA a sólo un nombre no sólamente es injusto con los que quedan excluidos, sino con la misma historia de la liga, regada con una calidad sin igual. Por eso es necesario que este anillo de LeBron James con Los Angeles Lakers, el cuarto de su carrera, sea visto como tal. Como otra página de una carrera legendaria que no busca superar a alguien, sino que busca la grandeza absoluta por sí misma, señala NBA.com.

LeBron James es campeón con los Lakers y el significado es inmenso. No sólo porque agiganta un historia que, desde lo numérico, lo tiene (o lo tendrá) al frente de casi todas las estadísticas y registros individuales posibles en Playoffs y en Finales. Tampoco por ser el tercero (junto a Danny Green) en ganar campeonatos con tres equipos diferentes, y el primero de la historia en ser MVP de Finales con tres camisetas distintas. Este anillo es la certificación definitiva (si es que lo necesitaba) de su leyenda. Porque LeBron James merece eso que dijo en la celebración: «Quiero mi maldito respeto». Vaya si debería tenerlo, porque es un campeón con absolutamente todas las letras…

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