Venezolanos en Miami se reinventan para sobrevivir a la pandemia

Miami
Foto: AFP

Antes de la pandemia del coronavirus, los venezolanos en Estados Unidos trabajaban en sus horas libres como conductores de Uber. Ahora, que la economía de Estados Unidos se ha estancado por el coronavirus, los connacionales en Miami están mostrando las capacidades de adaptación que desarrollaron en Venezuela.

Algunos están cocinando comida venezolana en sus casas para entregarla a los confinados compradores, que los contactan por las redes sociales, reseñó AFP.

Y les va tan bien que sueñan con continuar el negocio cuando pase el chaparrón.

El venezolano Mario Amate recuerda el día, a mediados de marzo, cuando encendió su teléfono y el Uber no sonab. Aseguró que la aplicación no sonó ni una vez en diez horas.

Amate tiene 31 años de edad y se instaló en Miami hace cinco, huyendo de la profunda crisis económica, política y humanitaria de su país.

Amate, abogado en su país, ha hecho toda clase de trabajos en esta ciudad. Últimamente cocinaba, pero el 70% de sus ingresos dependían de Uber. Cuando a su esposa, una contadora, le redujeron la jornada laboral a la mitad, comenzó la agonía.

«Nos preocupamos porque vimos que teníamos ingresos para una semana, ¿y después?», dice. Su vecino Rafael Delgado, también venezolano, despedido del hotel donde trabajaba y conductor de Uber en sus horas libres, le propuso entonces preparar y vender tequeños.

«Teníamos mucha angustia, pero no hay que dormirse», dice el joven de 29 años.

Su esposa también fue despedida y entre los cuatro ya están produciendo 1.000 tequeños por semana, que les permiten sobrevivir.

Otro venezolanos en Miami

Un portavoz de Uber dijo a la AFP que, si bien la empresa no tiene registro de cuántos de sus usuarios son inmigrantes latinoamericanos, sí es un hecho que la mayoría de los conductores de Miami hablan español.

La empresa no divulgó cifras específicas sobre esta ciudad, pero informó en marzo que sus carreras cayeron entre 60 y 70%.

Frente a esta sombría situación, otros conductores venezolanos de Uber han recurrido a soluciones similares a las de Amate y Delgado.

Jesús Escalona por ejemplo hace pastichos, mientras Manuel Freitez recorre la ciudad entregando golfeados y cachitos.

Los preparan su esposa, la chef Natasha Echevarreneta, de 30 años, y el padre de ella, un músico que dependía 100% de los ingresos de Uber.

«Nos ha ayudado bastante esta época. De hecho creo que seguiremos con esto inclusive cuando termine la cuarentena«, dice.

Todos están esperanzados de que ésta pueda ser una solución a sus cuitas del exilio.

«Tiempos de crisis es tiempo de oportunidades», dice Amate.

Los ex-Uber venezolanos en Miami dicen que los años de lucha contra la carestía, la inseguridad y la falta de oportunidades en su país les dieron herramientas para enfrentar esta nueva crisis.

«Ya todo esto nos pasó. Estamos acostumbrados. Ajá, no hay papel, ¿y? Reaccionar es lo que hay que hacer», dice Delgado.

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