ASÍ ES | La pandemia y la fe: Refugio y fuente de esperanza

Así es

 Por Carlos Nuñez García

Estimado lectores, hoy siento un especial sentimiento de alegría al tener la valiosa oportunidad de conversar con uno de los hombres más inteligentes que conozco. Siempre dando todo lo mejor de sí en su misión y en su humildad por el bien espiritual de  todo el mundo, desde su amadísima Venezuela. Tiene el don de la palabra, a tal punto que sentimos que Dios habla a través de él, y si no me cree o no lo conoce, sígalo a través de las redes sociales y compruébelo usted mismo. Lo conocemos desde que era un niño , el hijo varón de don Roberto, el dueño de la estación de gasolina del pueblo, un señor grandote, alemán, que llegó a Bejuma para quedarse y construir con su querida esposa, la señora Margarita, uno de esos hogares que son ejemplo siempre. Para orgullo de todos los que allí nacimos, nuestro invitado nació en Bejuma. Se trata de Monseñor Roberto Sipols, con más de 35 años de sacerdocio, conferencista internacional y fundador del reconocido movimiento “La voz de Jesús”, con activa presencia en muchos países, amén de un curriculum sencillamente impresionante.

Mons. Roberto Sipols (@Probertosipols) | Twitter
Monseñor Roberto Sipols

Tuve la curiosidad de poder indagar su posición con relación a la pandemia como hecho que dividió la historia del mundo. Es muy interesante saber qué piensa un hombre tan brillante, desde un punto de vista filosófico y profundo como es la fe en Dios. Muy amablemente desde su parroquia en la Urbanización El Trigal en Valencia, accedió para que esta conversación se llevara a cabo y aquí la tienen. Espero les guste tanto como a mí.

Entramos en conversación amena y mi primera pregunta fue muy directa, muy personal:

Bienvenido Monseñor Sipols, ¿cómo puede definir un sacerdote desde el punto de vista personal lo que está sucediendo con esta pandemia? ¿Le crea incertidumbre, impotencia, dudas? Y comienza así lo que para mí fue un concierto se sabiduría:

”Ante todo agradecerte la oportunidad de esta entrevista, por la que puedo llegar a gente a la que habitualmente no llego. Tengo los mismos sentimientos que todo el mundo, menos la duda sobre Dios. Yo tengo un punto de apoyo para todo, que es la certeza de que Dios es el Señor de la historia, que lo dirige todo con su amor, que nada se le escapa y que no tiene sorpresas y eso me da mucha seguridad; pero claro que siento el dolor ante todo por las muertes, enfermedades, el temor del contagio, del temor del contagio mío y del  contagio de la gente que quiero y de todo el mundo por supuesto; la incertidumbre de cuándo va a terminar esto, los mismos sentimientos de todo el mundo, yo creo que la única diferencia está en que yo tengo ese punto de apoyo tan grande, que es mi inconmovible fe, como dije antes, en que Dios es el Señor de la historia, que no tiene sorpresas, que nada se escapa a su control y por eso la paz termina venciendo a la incertidumbre, a la impotencia, al temor. El Señor nos dijo en el evangelio, ‘Yo les doy mi paz’, justamente la noche de la última cena cuando se le acaba el mundo a Él, todo se le venía encima y esa paz reposa en saber que al Padre Celestial no se le escapa nada.”

Monseñor, y visto desde la Iglesia Católica, cómo lo percibe? Esta realidad nueva, tan fuerte que hizo cambiar unos protocolos tan conservadores: misas sin presencia de feligreses, misas virtuales, no primeras comuniones, no confesiones, no abrazo para desear la paz, no bodas, ni bautizos, etcétera. La iglesia se multiplicó en cada hogar. Lo bueno y lo malo de este escenario ¿me lo puede resumir?

“Yo estoy seguro que para la iglesia todo lo mueve Dios, hay una frase en la carta a los Romanos que dice que ‘Dios hace que todas las cosas nos convengan’, sean para nuestro bien. De todo el desastre del siglo pasado, los nazis, el comunismo, la iglesia salió fortalecida. Nunca tuvo tantos mártires como en ese siglo, pero es cuando más se ha fortalecido y se ha clarificado. De la iglesia del siglo IXX, cargada de tradiciones y de cosas innecesarias, a la iglesia del siglo XXI, el Vaticano Segundo hizo que nos liberáramos de muchas cosas que sobraban y volviéramos a nuestra esencia; y esto nos hace bien.

Mira cuando un árbol tiene muchas hojas y ramas secas, es bueno que le pegué una buena tempestad que lo mueva hasta las raíces para que se caiga todo lo que sobra, y así la Iglesia va a salir de esto más auténtica todavía; también es cierto que se ha fortalecido el culto familiar, se ha fortalecido en la predicación y el culto en las redes. Yo siempre digo una cosa que me ilumina mucho, el Papa Francisco se cansó de decir que la iglesia tenía que salir, que quería una iglesia en salida y como nosotros somos muy cómodos y  no queríamos salir, pues Dios nos  cerró las iglesias y ahora andamos por las redes que son las calles de hoy en día.

Jesucristo, dice el Papa Francisco, es un callejero de la calle, en el pleno sentido de la palabra, pero hoy las calles están aquí en las redes, las calles están en los medios comunicación y con nosotros, Cristo se hace callejero.

 Claro que hay  bodas, el otro día celebré una boda de dos Bejumeros aquí en la iglesia, solamente que redujimos la asistencia de fieles.

 Claro que hay bautizos, la misa la celebramos los sacerdotes solos, llegará el momento en que se haga de manera controlada pero entonces se hace más difícil el acceso a los sacramentos y por eso lo va a buscar más la gente que realmente cree, que tiene fe y esa gente va aumentar, las pruebas aumentan la fe. Parece mentira, yo recuerdo una canción cuando estaba jovencito allá en Bejuma, que decía que la distancia es como el viento, los amores grandes los aviva y los amores pequeños los apaga, así mismo va a pasar aquí, la fe verdadera, la fe grande, se avivará con esta distancia, y la fe pequeña que ni siquiera existía, desaparecerá; y así no seremos tibios sino fríos o calientes, como le gusta a Dios, el que tiene fe de verdad y el que no tiene ninguna para convencerlo “.

Monseñor, el mundo se paró, el común de la gente no entiende mucho la gravedad del asunto pero lo siente en el bolsillo, porque tiene otro problema tan grave como este, el de sobrevivir. ¿Cuál debería ser la lección para la sociedad? ¿Cuáles valores deberían salir fortalecidos ante tanta angustia?

La sociedad tiene mucho que aprender en esto. Primero, el respeto a la naturaleza. Somos todos una sola cosa y resulta que una cosita que ni siquiera se ve puede afectar a la gran soberbia y a la prepotente humanidad, romperle todos sus planes, meternos a todos en la casa y dejarnos viendo cuándo es que volveremos a surcar los cielos con los aviones. También tenemos que aprender lo bella que se ve la naturaleza ahora, que hemos bajado un poco el ritmo, fíjate, yo llegué a mi casa actual hace 12 años y me despertaban los cantos de los pájaros, pero llegó un momento en que no se oyeron más, pero desde que empezó la cuarentena van en incremento, ahora cantan todo el día; la naturaleza está agradeciendo por el respiro que le dimos. 

 Nosotros hemos aprendido también el valor de la familia que está tan en decadencia, cada uno se da cuenta por la preocupación, el anhelo, el cuidado de los suyos, el encierro nos ha hecho convivir, conocernos más de nuevo y todas estas cosas tan duras que vivimos pues no hacen bien, nos fortalecen. También la solidaridad de una persona con otra, de las instituciones y el tener que plantearse las empresas lo dicho muy ligeramente, que lo más importante de cada una de ellas es su capital humano, pero en estos se demostró si realmente valoraran a las personas o no, en el tema de los despidos, y yo he visto a muchos que han sido fiel con su gente a pesar de la prueba. 

Siempre que nos empobrecemos, cuando un país se empobrece, cuando una sociedad se empobrece es como ir al gimnasio; fíjate en los alemanes, cómo se empobrecieron en la II Guerra Mundial y cómo surgieron, lo mismo podemos decir de Italia o España después de la guerra civil, lo que vivimos  ha sido como una guerra devastadora económicamente y sacaremos músculos para ser más fuertes todavía el día de mañana;  los empobrecimientos producen los enriquecimientos, las pruebas son grandes oportunidades, las crisis son oportunidades, yo creo que de aquí podemos sacar mucha bendición.“

Monseñor Sipols, para el venezolano esta pandemia es como una raya de tigre adicional, no parece que sea justo con nadie, pero con los nuestros es peor. En medio de la conocida crisis en Venezuela, donde falta absolutamente todo y cada día -por razones que obviaremos-, crece la desesperanza, ahora se suma esta pandemia. ¿No cree que parece una carga muy pesada para nosotros al mismo tiempo? ¿Es acaso un castigo? ¿Puede un padre de familia pensarlo así y alejarse de la fe en Cristo? Y créanme que me sorprendió la fluidez e inteligencia de la respuesta, parece sencilla, pero la escuché varias veces y es de mucha profundidad:

“Venezuela… donde yo vivo y donde viviré ¡siempre! , tendría que aparecérseme Jesucristo y pasar como 18 pruebas para que yo le creyera que Él quisiera que yo me fuera de este país. Aquí me ordené sacerdote y aquí espero vivir hasta el último día mi vida. 

Se dice que aquí falta todo, ¡no! , aquí hay mucho todavía porque en el corazón de cada venezolano, de cada persona que está aquí, hay mucho potencial. Yo no niego para nada la durísima crisis que nos ha tocado a nosotros, que nos hemos unido al concierto por cuestiones políticas, históricas a los países pobres, antes éramos una nación rica, casi omnipotente y la crisis nos llevó a aceptar que ahora somos uno de esos países pobres, en la realidad actual.

Un padre de familia puede pensar que Dios nos está castigando y ¿por qué nos va  a castigar? Si Dios es bueno. Las crisis políticas que hemos vivido son obra y gracia de nosotros; no de Dios, y el virus es una crisis que está en la naturaleza, no es que Dios dijo: voy a sacar una espada y voy a castigar a estos por esto y por aquello, ¡no!  

Dios está con nosotros, Él camina con nosotros. Me preguntas si un padre de familia puede pensar que Dios nos abandonó, que esta crisis es un castigo. Claro que lo piensa, claro que lo siente, pero después de que pasa ese momento de oscuridad sabe que Dios lo toma de la mano, todo padre de familia es un socio de Dios, trabajan juntos y aun cuando pierda la fe, Dios sigue trabajando con él.“

Aquí lo interrumpo y le increpo con la obligada pregunta: ¿Hay salida?

“Saldremos de ésta,  saldremos de todas, todo puede pasar, yo soy hijo de personas que sufrieron la primera y la segunda guerra mundial, nieto de personas que pasaron la gripe española y la pasaron en Ucrania imagínate eso, ¡Ucrania y Alemania! Tanto sufrimiento, tanto dolor y de repente mi familia se vio largamente en un oasis de paz y de felicidad que se llama Venezuela. Hoy el momento es duro, es oscuro, difícil. Sí hay mucha necesidad pero saldremos de ésta, por eso yo los invito a todos a valorar mucho el don de la familia, porque una familia unida es capaz de vencerlo todo y también quiero decirte una cosa como creyente, por duras que sean las circunstancias, la mano de Dios siempre está con cada uno de nosotros y yo he visto como creyente, cómo la mano providente de Dios nos ayuda y no nos deja perecer. Cristo nos decía: ‘Miren los pájaros del cielo, ellos no siembran ni cosechan y su padre celestial los alimenta’. Ustedes valen mucho más que cualquier pajarito y los cabellos de su cabeza están contados. La base del Cristianismo es que Cristo nos reveló que Dios es un padre bueno, que siempre está a nuestro cuidado, un guardián que no se duerme, el Dios que hizo el cielo y la tierra se ocupa de nosotros”. 

Cada respuesta de Monseñor Sipols es una verdadera enseñanza, sabe decir y hacerse entender muy fácilmente, en un lenguaje muy llano y terrenal, busquen su cuenta de Instagram @padre_sipols  y podrán comprobarlo muy fácilmente. Un ejemplo de ese lenguaje es lo escrito al Dr. Josñe Gregorio Hernández, a quien hace una petición con ese lenguaje tan popular que se puede uno extrañar que sea de un prelado de la altura intelectual de Sipols. Aquí aprovecho el comentario y prosigo:

Monseñor, no puedo perder la oportunidad de tocar el tema de la beatificación del Dr. José Gregorio Hernández y el significado  de tan magno acontecimiento para los venezolanos.

“La Beatificación de nuestro querido José Gregorio Hernández. Bueno, ahí está la respuesta de Dios, la crisis venezolana es una crisis humana, de valores que nos llevó a una crisis política y económica. Aquí tenemos lo que puede ser un venezolano, “el venezolano” diría yo, José Gregorio Hernández.

No vamos a quedarnos solamente con su gran capacidad de hacer milagros, que todos los venezolanos tenemos comprobado porque en  todas nuestras familias hemos tenido algún problema que nos ha resuelto José Gregorio Hernández. Claro que es un santo súper milagroso y muy querido en Venezuela y en el exterior, pero aquí no es que vamos a hacer una beatificacion de puros fuegos artificiales y cohetes; la beatificación, la gran ceremonia de beatificación va a estar precedida por una misión profunda que quiere tocar las raíces del venezolano, como aquella gran misión que hicimos cuando vino por primera vez San Juan Pablo Segundo a Venezuela y queremos tocar la fibra del venezolano, para en Jesucristo recuperar nuestros valores más profundos, la fe, la bondad,  la generosidad, el amor, el bien del otro.

José Gregorio es la encarnación de lo mejor de los venezolanos, y yo estoy seguro que aquí está la mano de Dios haciendo su milagro porque pienso que Venezuela está tan herida que todo el mundo busca salidas y tenemos ese deber, buscar las salidas para que nuestro país se recupere de toda esta crisis, pero yo como sacerdote estoy convencido de que la única forma es: venezolano por venezolano, corazón por corazón; y te digo una cosa, el que todavía conserva su empresa, el que está en lo alto de la política actual, de un lado o del otro, la ama de casa, el padre de familia, el joven, el niño, los que estamos aquí y los que están  afuera,  todos le tenemos cariño a José Gregorio Hernández, yo creo que hasta mis hermanos evangélicos se leen la vida de José Gregorio  Hernández y los va a tocar. Fíjate, mi papá era luterano evangélico cuando llegó a Venezuela y mi familia por parte de mi padre eran luteranos evangélicos de hacía 300 años. No era una cosa de que se cambiaron ayer y papá vio la vida de San Martín de Porres en el cine y vio en televisión los milagros y la vida de José Gregorio Hernández y eso lo motivó a hacerse católico. Porque un santo es el evangelio de Jesucristo vivido en carne propia de un ser humano y mi papá vio que los santos no son unos muñecos de yeso que hacen milagros, que eso sería idolatría. Sino personas que de verdad vivieron a Cristo profundamente y que hoy están vivos con Él y rezan por nosotros. Así que es una enorme bendición para Venezuela la beatificación de José Gregorio Hernández, yo estoy esperando que me den el play para empezar a trabajar duro en esa misión también tocando los corazones y restaurando los valores más profundos de la venezolanidad.“

Finalmente Monseñor, quiero traer a colación dos frases suyas  que me impactaron profundamente: “ El miedo tocó mi puerta, mandé a abrir a mi fe y no había nadie” y “La fe y la esperanza son la base de la alegría”. En base a ellas, ¿cómo vislumbra el final de la historia triste del país? O mejor dicho: ¿Vamos a despertar de la pesadilla que vivimos los venezolanos? 

“Bueno, ¡yo todos los días veo amanecer la vida en Venezuela! ‘El miedo toca la puerta y mando a abrir a la fe y no había nadie’; ‘la fe y la esperanza son la base de la alegría’, esas frases me dices que te tiene impactado, mira, yo todos los días saco un videito y un audio y me siento muy feliz porque eso llega hasta la cochinchina de verdad. No más ayer me llegó una respuesta en YouTube de China y lo que hago es sembrar esa esperanza de todos los días, todo se va a arreglar. Hay una santa que me gusta mucho, Santa Juliana de Norwich, que decía que ‘Dios nos amó antes de crearnos, nos ama actualmente, y nos ama tanto que va a hacer que todo termine bien, nos va a salvar’.

Vislumbro la salida de todos nuestros problemas, no sé por dónde ni sé cómo, pero sé que va a ser y esa esperanza me mantiene todos los días y me mantendrá siempre aquí en mi tierra venezolana. Eso sí, hay que cerrar el corazón al odio, que hay tanto odio,  tantísimo odio. Seguramente alguna persona me va a criticar esta entrevista porque no he hablado con odio de nadie, pero es que yo no odio a nadie porque me voy a hacer daño yo, y entonces creo que no voy a lograr nada haciéndome daño. No odio a nadie,  pienso que toda persona es amada por Dios y uno tiene que saber que Venezuela tiene futuro como todo. Como lo tiene Haití, como lo tienen todos los países que están envueltos en una crisis dura y la salida es desde nuestro corazón. Yo tengo mucha esperanza,  quiero a todo el mundo, perdono y no me envuelvo en sentimientos de rabia porque lo que hago es incapacitarme, buscar enfermarme, hacerme daño. 

Dice la carta a los Romanos: todo lo que es bello, todo lo que es noble, todo lo que es justo, eso es lo que ustedes tienen que buscar y mientras tanto pues amarnos como hermanos, construir. Un ejemplo, en nuestra iglesia tenemos Cáritas Venezuela,  Cáritas Valencia, por la que podemos encauzar nuestro amor hacia los demás y yo en vez de desesperarme y entristecerme pongo mi gotica de esperanza, mi trabajo, mi sueño, mi alentar a los demás, orar por los enfermos, perdonar  los pecados, dar el Evangelio de Cristo, lo que debe hacer un sacerdote y que cada uno haga lo suyo y salgamos adelante. Que Dios bendiga a Venezuela, te Bendiga a ti y que la paz esté siempre con nosotros.“

Hasta aquí nuestra gran conversación con Monseñor Roberto Sipols, gran bejumero y amigo, un ejemplo a toda prueba de lo que es ser creyente, del cual debemos aprender que de la mano de Dios no podemos ni debemos temer a nada.

Especial agradecimiento a Francisco Ramírez y a mi querida hermana Anita, quienes me apoyaron incondicionalmente para lograr esta entrevista. 

Gracias a Bejuma por vernos nacer y permitirnos el orgullo de compartir gentilicio con personas como el ‘gordo Sipols’, como cariñosamente le decíamos cuando éramos apenas unos escolares.

Si alguno de ustedes quiere los audios de esta conversación, con sobrado gusto se los puedo hacer llegar para que sientan aún más lo bonito y grande de estas palabras. De verdad emociona.

Gracias Monseñor, créame que jamás me sentí más motivado por publicar algo, que llene y ayude el alma de los lectores. Gracias por reafirmar mi fe en Dios y emocionarme con respuestas que nos llenan de paz y de alivio. ¡Gracias por ser Bejumero! Dios lo bendiga… ¡Gracias!

Bejuma - Wikipedia
Bejuma, estado Carabobo. Venezuela

2 COMENTARIOS

  1. Gracias por esta entrevista a Monseñor Roberto Sipols, felicidades por su trabajo!
    Me gustaría mucho escuchar el audio, si es posible
    Soy de Mexico!
    Gracias.

  2. BUENAS TARDES MI QUERIDO PROFESOR.. LA ENTREVISTA CONCEDIDA POR EL MONSENOR SIPOLS, FUE ESTRAORDINARIA, EN LA MISMA, A PESAR QUE EL TEMA CENTRAL ERA EL CORONAVIRUS VISTO POR EL, PERSONALMENTE; Y POR EL LADO RELIGIOSO, A LA FINAL SE CONVIRTIO EN UN AGRADABLE ENCUENTRO CON UNA PERSONA CON CONVICCIONES RELIGIOSAS MUY GRANDE, QUE ME DEVOLVIO A LOS ANOS 70 Y 80. A AQUELLA VENEZUELA, DONDE LA RELIGION, Y LA FE POR NUESTRO DIOS ERA LA PUNTA DE LANZA DE LOS VENEZOLANOS. MUCHAS GRACIAS CARLOS POR LLEVARNOS ANTE UN REPRESENTANTE DE DIOS EN LA TIERRA, QUE CON SU FE, ME HA LLENADO MI ESPIRITU.

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