Bernardo Jurado | Una tarde ámbar

Bernardo Jurado Ambar

Realmente estaba de ese color. Me asomé a la puerta de vidrio de mi habitación, una inmensa puerta que comunica mi cuarto con el balcón, todo un privilegio de atardeceres que me brinda como si fuera propia de una producción de Netflix, sí, y vi que el cielo estaba nublado al oeste y también estaba extrañamente amarillo, ámbar, tostado, me temo que no podría definir el color y me puse mi viejo short de navegación, una franela y corrí al borde de la mar para no perderme el espectáculo.

Al salir, me encuentro con que la inefable alta temperatura del verano ha bajado parcialmente y lontananza se observaban callados los reflejos de una tormenta eléctrica al sur este, mucha actividad eléctrica que se encontraba en rumbo de colisión conmigo y decidí apurarme, buscar el oeste lo más pronto posible, so pena de que lloviera.

Todo parecía surreal, todo poseía un mágico halo misterioso, un viento suave, la marea muy baja, el tráfico de botes escaso, todo era una postal que vivía de manera extraña. Las personas me pasaban por el lado con sus tapabocas como si me encontrara entre murciélagos que ocultaban su identidad, en silencio, en extraño silencio y la mar como un lago, no levantaba, nada se sentía que no fueran mis pasos. Lo mismo le ocurre a Diosdado Cabello con el supuesto diagnóstico de COVID-19, el temible coronavirus, sÍ, le ocurre lo mismo que a mí, porque, aunque lo narrado anteriormente pertenece a la más absoluta verdad, es probable que usted no me crea, por parecerle perfecto.

 A Diosdado Cabello, el mofletudo resentido, paria, pillo, lambarero infame y ladrón de esperanzas, la mitad de Venezuela no le cree y la otra mitad ora con mucha fe para que sea verdad y que sus escasos cómplices puedan gritar ‘Diosdado vive’ en marcada analogía al ‘Chávez vive’, aunque todos saben que está muerto, menos ellos.

Diosdado Cabello, jefe de la Asamblea Constituyente de Venezuela, confirma que tiene Covid

Yo no especulo, simplemente me divierto sobre la experiencia de la actuación oscura de veinte años, que no es poca cosa, pero sobre cada escándalo, anteponen uno mayor que disipe aun más, el desplome de lo que les queda de reputación y ya sé que se estará preguntando ¿cuál es el escándalo?, pues, hay varios como el traslado del testaferro Saab en Cabo verde y que procuró la penosa y rastrera carta del Canciller Arreaza a la que Cesar Miguel Rondón dedicó un muy profesional y pragmático editorial, el escándalo de los más de tres millones de dólares en carros de exportación que fueron confiscados por el gobierno en el puerto de Fort Lauderdale o mejor aún, el General o tal vez emperador Vladimir Padrino amenazando y dictando cátedra de dictadura pura y simple al decir que nadie más gobernará el país mientras la Fuerza Armada exista y así podríamos seguir en esta tarde color ámbar.

Mientras tanto, llego de llenar el pozo de mi inspiración en este atardecer de ensueño y el país se debate entre creerle a Diosdado o rezar porque sea cierto el a veces mortal diagnóstico.

Bernardo Jurado es el Director Ejecutivo de Jurado Grupo Editorial y autor de nueve libros publicados.

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