Cápsulas del éxito | El cambio…

Vicente Passariello

iGracias por leer de nuevo mi columna! Esta vez comparto otro tema que será de tu interés, EL CAMBIO. ¿Por qué nos cuesta tanto cambiar? ¿Realmente nos cuesta? ¿Realmente tenemos un esfuerzo adicional en cambiar o de seguir en lo mismo todo el tiempo?

Hay una frase del libro “El Principito” que dice así… “Si quieres construir un barco, no empieces a buscar madera, cortar las tablas o distribuir el trabajo, sino que primero has de evocar en los hombres, el anhelo de mar libre y ancho…” Antoine de Saint-Exupéry.

Ahora, si ya tienes el barco construido recuerda que el altamar es incierto, es incontrolable, las noches son oscuras y las tormentas son incontrolables…pero…si eres barco, estás diseñado para salir en altamar, no para estar parado en el puerto, de hecho los barcos que se quedan en puerto se estropean y se oxidan más rápidamente de los que salen a navegar las aguas inciertas. Creo que el ser humano fue diseñado para el cambio, para manejar y conquistar lo nuevo, lo diferente, lo incierto, lo desconocido, a lo que estamos habituado. Estamos diseñados para desarrollar nuevas conexiones neurológicas, nuevos caminos cerebrales para poder crear nuevas destrezas y manejar lo nuevo para nosotros en ese momento.

¿Por qué creemos que el cambio es difícil?

En un seminario con el Dr.Richard Bandler, quien es el co-creador de Programación Neurolingüística, le pregunté: Dr. Bandler ¿por qué cambiar es difícil?, y el muy sarcásticamente me dijo… ‘Será difícil para ti, para mí no lo es’… y se rió…Entonces re-estructuré mi pregunta: Dr. Richard ¿por qué para un mortal como yo es difícil cambiar? Entonces me respondió: ‘no tiene nada que ver con dificultad, sino que el cerebro busca siempre lo “familiar”, y cuando no lo tiene como por ejemplo “cambiar un hábito” necesita crear nuevas conexiones neurológicas. Esta creación se conoce como Aprendizaje..!

Cuando comunicamos información entre neuronas, usamos neurotransmisores y neuro inhibidores, ambos son parte importante en la comunicación y funcionan de la siguiente forma: me acuerdo que cuando tenía 19 años se me rompió una luz de cruce trasera y fui a cambiar el bombillo. Después de cambiarlo le pregunté a un niño que estaba cerca de mi carro y le dije que se pusiera detrás de la luz de cruce y me dijera si servía, me senté en la parte delantera, prendí el carro y active la luz de cruce, el niño me contestó: ‘Sí sirve…ahora no…sí sirve… ahora no…se prendió de nuevo… ioh! Ahora se apagó…

El que te sientas así es parte del diseño humano y está hecho para que funcione así…y eso es lo hermoso, utilizas parte de tu cerebro que está creando nuevas conexiones neurológicas,  y eso es lo que hace que sientas que te da miedo o que es difícil…No lo es…Es solo así y es parte perfecta de la ingeniería humana. Ese ser perfecto, completo y entero que está en cada uno de nosotros y esa creación maravillosa de Dios hecho a su imagen y semejanza. 

Una planta por ejemplo si la “cambias” de un lado a otro, al principio parecerá que se va a morir, pero después se “adapta” al nuevo lugar y a su nueva condición, y si es necesario moverá su tronco y flores con tal de adaptarse al nuevo lugar.

Hay un libro que te recomiendo que leas de Spencer Johnson que se llama “Quién se ha llevado mi queso”. Este libro habla de la historia de dos ratoncitos y dos mini hombres, y qué pasa cuando a los dos ratoncitos se les acaba el queso y uno de ellos decide lanzarse a lo inesperado y salir de su “cómoda” cueva.

El cambio es parte inevitable de tu vida si deseas crecer. Cambia lo que no te gusta en la vida y sé el cambio que quieres ver en otros.

Para finalizar este artículo dejo contigo esta historia…

“… Cuando era joven y libre y mi imaginación no tenía límites, soñaba con cambiar al mundo.
Cuando me volví más viejo y más sabio descubrí que el mundo no cambiaría, así que acorté mis anhelos un poco y decidí solo cambiar mi país. Pero éste también parecía inmutable. Cuando entré en el ocaso de mi vida, en un último y desesperado intento, decidí cambiar solo a mi familia, a los que estaban más cerca de mí, pero, igualmente ellos no cambiarían. Y, ahora, mientras me encuentro en mi lecho de muerte, repentinamente me doy cuenta:
Si hubiera podido cambiarme a mí mismo, entonces por el ejemplo, hubiera cambiado a mi familia. Por su inspiración y valor hubiera entonces podido cambiar a mi país, y, a lo mejor, tal vez hubiera podido cambiar al mundo…”

 Delio González Burgo Máster en Psicología, Egresado en Filología Española 


iGracias por leer mi columna! 

Vicente Passariello

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.