@cincuentasticas | Ahora dime tú, ¿de dónde salió esa moda de parecer pero no ser?

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Justo hoy puse un post en mi cuenta de Instagram @cincuentasticas, con un trozo de la tira cómica Mafalda, del recién fallecido Joaquín Lavado, Quino. Y en ese sketch, el popular personaje de los años 70 hace alusión a los años. Dice algo así como que: “qué importancia tiene la edad, si lo que verdaderamente importa es estar vivo”.

Cuando lo leí del muro de una amiga, pasé un buen rato reflexionando sobre eso y por eso, quise expandir tal reflexión en esta página. 

¿De dónde salió esa moda de parecer pero no ser? Sí, yo necesito saber en dónde nos torcimos para ver si puedo echar para atrás e ir a remedar ese capote, Cómo es eso que ahora la gente no dice cuántos años tiene -algunas mujeres corren el terrible peligro de preguntar: “¿tú cuántos me calculas? Y a eso sí yo le tengo miedo, ja-ja”. Además, comenzaron con la moda cliché y hasta necia de “los 50 son los nuevos 40”, “los 60 son los nuevos 50”. 

¿Y sabes qué?, no. Los 50 son los cincuenta, no son los nuevos nada. Son los que son, con sus cinco décadas completicas, con ese bojote de velas en el pastel, con las arrugas, la celulitis, los calores de la menopausia, los talones resecos y la pérdida gradual de pelo. 

Pero son los mismos esos en los que tienes mucha experiencia, en los que tus hijos ya crecieron, en donde pierdes el filtro y te atreves a decir y a hacer cosas que jamás imaginaste. Son los años de la libertad, la confianza, la felicidad de poder hacer exactamente lo que te venga en gana, de usar aretes enormes, pulseras por todo el brazo, flores, puntos y rayas en el mismo estampado. Son, sin duda, los años más maravillosos del mundo.

Y entonces, ¿cómo es que hay mujeres que se los están perdiendo y siguen luchando a rabo y oreja por parecer de menos? A ellas, les tengo una mala noticia: se le ven. Aunque no lo crean, lo oculten, lo disfracen y se vistas como si tuvieran 25, hay una delatora que no pueden operar, inyectarle botox, aumentarle el tamaño o reducírselo. Esa delatora que las deja en la calle no es otra cosa que la mirada. La mirada y no los ojos. Porque los ojos se estiran, pero la mirada refleja tus años.

Y yo, que soy absolutamente una extremista en eso de pensar, sentir, hacer y decir en la misma dirección, no quiero que mi cara diga una cosa y mi mirada otra.

Pero epa, no estoy en contra de los retoques, de ponerse vitaminas o hacerse un rellenito en los surcos naso genianos. Que va, cuanto mejor se vea uno, más confianza va a tener y más alegre va a andar por la vida. Con lo que sí estoy en completo desacuerdo es que quieras parecer lo que no eres a punta de intervenciones que hacen que te perdamos, que dejemos de recordarte como fuiste, porque sabes qué no eres, joven. 

Vacílate tus años. Tómate tus vitaminas, viste ropa alegre, maquíllate los ojos de oscuro -para que no se te vean los párpados caídos-, píntate la boca y suéltate el pelo. 

Ponte guapa para la vida y disfruta cada etapa. Pocas cosas son mejores que ser y parecer.

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