Cine para llevar | El viejo hábito de ver telenovelas

Cine para llevar | El viejo hábito de ver telenovelas

Me gusta ver telenovelas. No me da pena admitirlo. Creo que tiene mucho que ver con que ha sido el género que más se ha realizado en América Latina y por ende el  programa de televisión obligado para casi todos desde la infancia.  La industria de la televisión en México, Venezuela, Colombia, Brasil, Perú, entre otros, crearon durante todos estos años gran cantidad de producciones que han intentado representar nuestra cultura. La forma en que nos desenvolvemos como sociedad, nuestros arquetipos e ideología ligada claro con componentes de fantasía y altas dosis de lugares comunes.

A la telenovela se le ha culpado de influir negativamente en la sociedad y de crear estereotipos que encasillan a la mujer en roles degradantes. Nunca he estado de acuerdo con que la telenovela como género asuma la culpabilidad de asuntos que nada tienen que ver con su función primaria: entretener. 

La telenovela no moldea a la sociedad, la sociedad moldea a las telenovelas. Si un gran porcentaje de producciones dramáticas exponían historias donde la mujer tenía que llegar virgen al matrimonio o aguantar con estoicismo un sinfín de humillaciones, ocurría porque simplemente buscaban reflejar lo que era parte de la realidad en América Latina. La telenovela necesitaba generar personajes con su público objetivo, que en sus inicios fue un formato dirigido a mujeres, y era necesario que se sintieran identificadas. Esto es tan cierto que en los últimos años, el género telenovela ha sufrido cambios drásticos. Esas historias de chicas virginales y sufridas en nuestra época son prácticamente inexistentes. 

Eso se debe a que en nuestro tiempo la mujer no solamente busca un matrimonio para definir su personalidad. Se centra en las distintas áreas de la vida.

Además en América Latina las telenovelas se han preocupado de exponer todo tipo de temática, más allá de las historias de amor tradicionales.

Se ha hablado de política, de problemas sociales y un largo etcétera. En Venezuela existió la llamada novela cultural de José Ignacio Cabrujas donde se expuso la vida en la Caracas de los años setenta y ochenta desde un punto de vista reflexivo. 

Existió Por estas calles, novela de denuncia social que marcó una época en la televisión porque a través de la ficción exponía verdades que afectaban (y aún afectan) a un país entero.

Las telenovelas han funcionado de distintas formas.

Comencé diciendo que me gusta ver telenovelas y creo que más bien debo decir que me gustan las ficciones y las historias que generan adhesión, que te involucran con sus personajes. Las buenas telenovelas logran eso, más allá de lo verosímil o lo irreal que sea lo que te cuentan. Más allá del melodrama, las cursilerías y situaciones absurdas que plantean algunas. 

También ver telenovelas representa, para mucha gente, la posibilidad de recordar un periodo de su existencia o una época determinada en la vida de un país. Son memoria y nos traen el pasado de vuelta.

Luisa Ugueto Liendo 

@luisauguetol

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