Cine para llevar | En Netflix: ‘Alguien tiene que morir’

Cine para llevar | En Netflix- 'Alguien tiene que morir'

La miniserie de Netflix Alguien tiene que morir (2020) creada, escrita y dirigida por Manolo Caro (La casa de las flores 2020, La vida inmoral de la pareja ideal, 2016) tiene una hermosa fotografía realizada por Ángel Amorós. Ver cada escena es un placer estético. Este aspecto es importante porque si hay un elemento que te invita a conocer la historia que se nos presenta es precisamente ese. En la miniserie el amor entra por los ojos.

La iluminación, el tratamiento del color en combinación con el vestuario y la correcta ambientación de las escenas son el anzuelo para entender una historia que aunque comienza con una premisa llena de intriga, rápidamente nos descubre los secretos de la trama. Esto no está mal, sin embargo, le quita un poco la emoción a esta ficción ambientada en la España de Franco con todas sus limitaciones y prohibiciones.

Fue en diciembre de 1978 cuando el gobierno de Adolfo Suárez acabó con la llamada Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social, la cuál permitía llevar a la cárcel a los homosexuales en España. Además les ofrecía “rehabilitación” en centros psiquiátricos. Antes de eso, ser gay era un delito que se pagaba con la perdida de la libertad e incluso de la vida misma.   

Alguien tiene que morir, cuyo título no es casual, ya que es una historia llena de violencia, muestra el modo en que, en efecto, muchos tenían que morir no sólo físicamente, también moralmente, no eran tratados como seres humanos. La miniserie dramática que se vale de un elenco cuyo peso permite darle vitalidad al relato (encabezado por la actriz española Carmen Maura, Cecilia Suárez, Esther Expósito, Isaac Hernández, Ernesto Alterio, Alejandro Speitzer y Carlos Cuevas) entretiene y a la vez permite conocer una parcela de la historia que no es tan lejana. 

En esta ficción, los personajes tratan de encontrar su lugar a través de los vínculos y son precisamente éstos los que no los dejan lograrlo. Todos están en una cárcel, en la de la intolerancia y los prejuicios. ¿Podrán escapar? Sin duda intentarán hacerlo tratando de evitar el destino que les espera en este pueblo donde se cumple a cabalidad aquel dicho popular: “pueblo chico, infierno grande”.

Razones para ver Alguien tiene que morir hay muchas, sin embargo, el elenco es fundamental.

La transformación de algunos personajes (el de Carlos Cuevas, por ejemplo) nos muestra que no importa el tiempo de duración de una ficción si tienes un buen libreto que respalde las decisiones que toman. 

La miniserie solamente dura tres capítulos, por lo que pasa muy rápido, sin embargo, cuenta con el tiempo justo para desarrollar la historia que desea contar el director, aunque su abrupto final y algunas situaciones fuera de orden e incluso absurdas nos hagan pensar –a veces- otra cosa.  

Alguien tiene que morir presenta una narración convencional y aunque se vale de algunos recursos visuales para hacernos entender ciertas características de los personajes, no llega a ser una historia sorprendente. No obstante, su corrección y lo minucioso de su narración nos ayuda a conectar con las historias y sobre todo a desear que tengan otro final. 

Luisa Ugueto Liendo

@luisauguetol 

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