Cine para llevar | Navidad en Netflix: Belleza inesperada

Cine para llevar | Navidad en Netflix: Belleza inesperada

¿Una película es su elenco? ¿Puede un actor salvarla? En mi experiencia como aficionada al cine, he podido confirmar que es un 80% improbable que un buen actor (no importa si es Al Pacino) pueda salvar un guión mediocre o una puesta en escena cuestionable. Es mucho más probable, de hecho es muy posible, que un guión esmerado y una buena dirección genere una película notable más allá del elenco.  

Los intérpretes son necesarios, ya que son los encargados de darle vida a las historias, sin embargo, hacer una película e incluir a Edward Norton, Keira Knightley, Helen Mirren, Kate Winslet, Will Smith y Michael Peña, no es sinónimo de calidad, ni de creatividad o de valor. Al menos no lo es en esta cinta vacua sobre emociones superficiales que pueden ser consumidas como fast food.  

Esta vez David Frankel se equivocó, no genera una obra llena de gracia o carisma como si lo hace en sus películas anteriores: El diablo viste de Prada (2006) o Marley & Me (2008) cintas que esconden la belleza de lo simple, donde el humor y el buen gusto está presente en todo momento. Por el contrario, en Belleza Inesperada las ganas de revelar verdades universales entorno a temas de discusión filosófica y que nos afectan a todos, como el tiempo, el amor o la muerte no llegan a generar un buen resultado, más bien el efecto es desastroso y más que eso ridículo. 

Tal vez la culpa sea del guionista, Allan Loeb, quién genera una serie de situaciones cliché entorno a personajes cliché: la ejecutiva soltera, sin hijos, sola y triste, el divorciado culposo, el padre desolado que oculta sus sentimientos, amigos que dicen frases grandilocuentes cuando tienen la oportunidad. En esta película, los diálogos son copys publicitarios que buscan vender “mensajes” y “sentimientos”, algo así como las campañas de los libros de Paulo Coelho. En la cinta se busca revelar “verdades”, mostrarte emociones “legitimas” y simplemente se quedan en momentos cinematográficos infantiles. Todo enmarcado en días de Navidad.

Howard (Will Smith) está acabando con su mundo y con el de aquellos que le rodean porque no puede soportar la muerte de su hija, sus amigos generan un plan para “ayudarlo” y de paso ayudarse a sí mismos. Como premisa no es fútil el argumento del que parte Belleza inesperada, pero su desarrollo llega a convertirse en una mala cuña de domingo por la tarde. Y todo tiene que ver con el deseo de sus realizadores de ser profundos a fuerza, de generar reacciones en el público con recursos evidentes, con salidas fáciles, con argumentos light.

La confusión de géneros también es un problema en esta cinta, ya que Belleza inesperada es un drama, que colinda con la comedia romántica, pero que no llega a concentrarse ni en uno u otro. A pesar de que la película es entretenida, no hay verdad en ella, se nota en exceso que es una ficción, no es verosímil, no puedes creerte en todo el rato lo que se te cuenta. 

El amor, el tiempo y la muerte no son temas fútiles de los que puedes hablar con frases manidas que no representan ninguna novedad. Básicamente el gran problema de esta cinta es que su guión se empeña en dejar claro que puede hacernos participes de “las respuestas” a las preguntas capitales de la vida. En menos de dos horas intentan exponer argumentos que ni Einstein (a quién se cita en la película) pudo aclarar.

El buen cine es un juego de seducción,  los realizadores y el espectador firman un contrato implícito para creer en una historia y darla por cierta. Si no puedes creer lo que te cuentan, entonces todo el trabajo de producción, fotografía, montaje, actuaciones, edición, cámaras, etc., pierde sentido. 

Por otro lado, si hablamos de actuaciones, Keira Knightley derrochó encanto, fue la mejor participación del filme y lamento decirlo, pero este es el peor trabajo que le he visto hacer al brillante Will Smith.

Belleza inesperada es una exhibición inesperada sí, pero de futilidad, frialdad, deshonestidad y un derroche incomparable de lugares comunes. 

Luisa Ugueto

@luisauguetol

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