CONTRAPLANO | El teatro venezolano, un escudo ideológico

CONTRAPLANO | El teatro venezolano, un escudo ideológico
La actriz Julie Restifo, caracterizando a Doña Sofía Imber en "La señora Imber"

Por Juan Carlos Wessolossky

Cuando uno piensa en lo positivo que pudo haber tenido estas dos décadas de debacle, al final siempre valoras el aspecto humano, y esto no significa que socialmente no tengamos grandes problemas y muchos retos que enfrentar, pero la capacidad para reinventarse de nuestra gente ha ido superando expectativas y aparecen nuevas estrategias para sobrevivir a lo inimaginable. Este tema de la reinvención es un tema que ya desarrollé en mi artículo anterior, pero si hay un espacio, aunque entiendo que hay muchos otros, que merece un aplauso de pie es el teatro venezolano.

Nuestros artistas no sólo se enfrentan al caos de un país gobernado por la insensatez, como el resto de los ciudadanos, pero les toca poner el pecho al poco valor que se le da a la cultura libre. Sin duda alguna que la educación y la cultura deben ser la política principal de cualquier futuro gobierno para poder superar el caos social; incluso es importante que ambos temas se nos conviertan sanamente en una obsesión; y cuando digo que debe ser política principal me refiero a que debe ser el tema, lo demás puede ser igual de importante, pero secundario. Creo que la educación no sólo es la mejor arma para defender a un país, sino que nos servirá de gran escudo para soportar cualquier intento de manipulación política, social, económica, pero sobre todo ideológica.

Si hay algo de lo que se vanagloriaban los regímenes comunistas era promocionar sus abanderados deportivos o culturales, como “la imagen del nuevo ciudadano”, y como representante de una política social exitosa. Basta con mencionar algunos ejemplos, y aunque algunos ya existían, el sistema comunista igual se adueñó de estos y los hizo propios como: el Ballet de Bolshoi de Rusia, su insignia dancística, el Festival de Cine de Moscú (uno de los 10 más importantes del mundo), Alicia Alonso y el Ballet Nacional de Cuba, la nueva trova cubana y algunos más. Claro está que todas son instituciones hechas a sus medidas y sus exponentes viajaban con un bozal en la boca, y los que no, poco a poco se fueron fugando, como es el caso de muchos bailarines de ballet tanto de Rusia como de Cuba por mencionar dos países emblemáticamente comunistas. Sin embargo, para el régimen chavista ni siquiera eso ha sido un aporte importante, sino todo lo contrario; realmente mermaron o acabaron con la Compañía Nacional de Teatro, eliminaron el orgullo de ofrecer cada dos años el gran Festival Internacional de Teatro de Caracas, destruyeron o disminuyeron a su mínima expresión el Ballet Teresa Carreño,  el Ballet Nuevo Mundo, el Museo de Arte Contemporáneo; además que los grupos de teatro más importantes del país como lo son: Rajatabla, el Grupo Theja, Contrajuego, funcionan con muy bajos presupuestos o simplemente no producen; y la razón es porque había que acabar con todas las voces disidentes y posibles mensajes críticos.

En una etapa de la construcción de las políticas totalitarias del régimen chavista, la dictadura se fue apoderando de la mayoría de las salas de teatro en Caracas y desalojando a los grupos que ofrecían una programación anual, ya sea por vencimiento de comodato que mantenían o por cualquier excusa, y ahora todos esos espacios, desde el más importante como el Teatro Teresa Carreño hasta la sala más pequeña, han sido utilizados para actividades políticas o con fines ideológicos, “brain washer”, sin mencionar todas las experiencias en el interior del país .

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«Venezolanos Desesperados»

Es por eso que cuando uno revisa un aspecto positivo de esta pesadilla chavista, que hizo trizas a los grupos o compañías culturales más importantes del país, es que el teatro venezolano tuvo que girar su mirada a las producciones comerciales; aunque ya sean escasos o inexistentes los grandes montajes teatrales de grupos no ligados a la doctrina socialista del siglo XXI. A esto se suma que producto de la inexistente producción de las televisoras privadas y al cierre de RCTV, los artistas, productores, técnicos y directores se reinventaron y colocaron sus ojos en espacios privados. En otras palabras, el teatro ante la censura, el cero apoyo de una política cultural inclusiva y coherente y el desalojo, se puso en marcha mediante acuerdos con salas privadas, de todos los tamaños y ha presentado una variedad de propuestas que van desde la comedia hasta el suspenso. Sin embargo, hoy día por los efectos de la pandemia se ha deprimido el sector teatral a una expresión cibernética u online

Volviendo a la experiencia teatral, antes del Covid-19, para evadir la censura y asumir las consecuencias de mantenerse en escena hubo que asumir riesgos financieros, y así poder continuar con una estrategia cultural amplia, donde la sociedad venezolana se viese reflejada, como así sucedió. Una de las razones del porqué el teatro se ha hecho más popular, es esencialmente porque los ciudadanos no tienen posibilidad de ver a sus referentes artísticos en la televisión y por eso emigraron al teatro. 

Antes de la pandemia, este número de asistentes al teatro seguía en crecimiento, y espero que después que superemos este imprevisto, sea de igual manera. Por eso es que hay que destacar la reinvención de nuestros actores y actrices y de todo el teatro venezolano, que en época de dictadura ha ofrecido algo de oxígeno a tanta propaganda ideológica. Se pueden citar algunos ejemplos en Caracas muy concretos; el Trasnocho Cultural, el BOD por los prados de La Castellana, el Centro Cultural Chacao, la Concha Acústica recuperada parcialmente, por sólo mencionar las más grandes, pero existen salas pequeñas que de igual manera le han abierto las puertas a nuestros talentos, tanto en lo artístico como en lo técnico.

Durante esta nueva época del teatro se han presentado obras de diferentes géneros, que van desde montajes musicales como «La Novicia Rebelde”, “El Hombre de la Mancha”; piezas de misterio como “La Ratonera” hasta obras más íntimas o históricas como “Diógenes y sus camisas voladoras”, “Sangre en el diván”, “La Señora Imber”; así como  también clásicos venezolanos como: “Profundo”, “El Pez que fuma”, “Los Ángeles Terribles” , “Acto Cultural”, «El día que me quieras”, “OK”, “Hombres de América”; hasta la exitosa y comercial, “Venezolanos Desesperados”,  por sólo nombrar algunas, y por supuesto un sinfín de monólogos interpretados por una gran gama de actores y actrices venezolanos.

El teatro, en todos sus géneros, amplía la visión de la vida misma, eleva el espíritu, ya que es una interpretación libre de nuestro día a día. Es una propuesta cultural donde se puede experimentar en vivo un proceso creativo donde actores y actrices expresan sus sentimientos al público, y comunican sus inquietudes a través de un personaje que puede tener conexión con ese público; una terapia que puede ser dramática, musical, comedia o en suspenso. Definitivamente, el país necesita de esta creación para reírse de sí mismo, para entretenerse o para sentirse libre y rebelde ante cualquier imposición o intento de manipulación; digamos que el teatro, como dije antes, es importante para la salud colectiva de un pueblo, por eso todo esfuerzo hay que aplaudirlo de pie. 

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