Eduardo Casanova | La democracia cristiana

Eduardo Casanova Sucre

La Democracia Cristiana es una corriente política que parte de las ideas de Jacques Maritain y Emmanuel Mounier, la doctrina católica y la ética protestante, muy diferente al llamado socialismo cristiano, que enfatiza la idea socialista, aunque también dice estar influida por las enseñanzas de Jesucristo.

La doctrina demócrata-cristiana se apoya teóricamente en la familia, las asociaciones profesionales y la nación, y sus valores básicos son la libertad, la participación democrática y la justicia social en pos de la promoción de las personas que son como un fin en sí mismo, por lo que hablar de un humanismo integral. Apareció en el siglo XIX en Europa, y hoy tiene fuerte influencia en Europa y Latinoamérica. En realidad nació como una respuesta al socialismo decimonónico, que parecía crecer con demasiada fuerza, y la Democracia Cristiana, como fuerza de centroderecha en asuntos económicos, morales y culturales y de centroizquierda en temas políticos y sociales, parecía una barrera lo suficientemente atractiva como para superar a liberales y conservadores en la tarea de contener a los socialistas.

La Democracia Cristiana no tiene su origen en el socialismo ni ninguna relación con la Internacional Socialista en ninguna de sus versiones, se apoya en la Doctrina social de la Iglesia. Y aunque en muchas ocasiones la Democracia Cristiana ha coincidido, sobre todo en Europa, con el liberalismo, con el que comparte la idea de la reducción de impuestos y de la intervención estatal, para acabar con la injusticia social; en general los principios que han regido su matriz se derivan de la idea del Estado del bienestar o Estado social, lo que los puede acercar a la socialdemocracia.

Sin embargo, en casi todo el mundo se le considera  de centro-derecha. En muchas partes se le asocia con el conservatismo, aunque suelen ser combatidos por los partidos conservadores. Hoy en día, las posiciones cuasi-izquierdistas de los jesuitas, que siempre han tratado de influir notablemente en los partidos cristiano demócratas, ha creado graves confusiones y hasta ha perjudicado a esos partidos. Uno de los puntos de partida de la Democracia Cristiana fue la publicación, a fines del siglo XIX, de la encíclicaRerum novarum”, el Papa León XIII, concebida como una respuesta al socialismo y a los nuevos sindicatos. En ella la Santa Sede reconocía las privaciones del trabajador y se proclamaba su disposición a aliviarlas.

En su encíclica “Graves de communi” sobre la Democracia Cristiana, el Papa León XIII definió la Democracia Cristiana como “la acción benéfica, cristiana, en favor del pueblo” y  un empeño por librarlo y preservarlo de lo que el propio Papa definía como “la peste del socialismo”. La iniciativa del Vaticano debía conformarse a la Ley natural y al Evangelio y llevar el sello de toda obra católica, con sumisión a la autoridad eclesiástica. Sin embargo, muchos católicos le dieron al concepto de Democracia Cristiana un significado estrictamente político, muy distinto al postulado por León XIII. En 1910 el sucesor de León XIII, Pío X, condenó en su encíclica “Notre charge apostolique” al movimiento de catolicismo democrático de Le Sillon, que dividía al catolicismo y le restaba influencia a la Democracia Cristiana.

En relación a la cuestión obrera, en 1931 el Papa Pío XI reafirmó la posición de la Iglesia católica en la encíclica “Quadragesimo Anno”. En cierta forma, así la Democracia Cristiana se ubicó como un movimiento a medio camino entre liberales y conservadores y socialistas. Actualmente hay varias tendencias dentro de la Democracia Cristiana, aunque por lo general están de acuerdo en ciertas materias. Su idea del Estado no corresponde a la de los liberales absolutos, los que hoy suelen llamarse neoliberales: el Estado debe ser descentralizado y estar compuesto de varios conjuntos, pero debe tener una capacidad indiscutible; y por lo general sostienen que la sociedad debe ser responsable de la economía, pero no discuten los principios del capitalismo, hablan de un capitalismo con rostro humano, lo que hasta cierto punto los diferencia de la socialdemocracia.

La Democracia Cristiana se parece más al socialismo cristiano en la idea de que el deber del Estado proteger a los ciudadanos. Y, desde luego, siguen la posición de la Iglesia católica en temas morales, aunque casi todos los partidos democratacristianos han terminado por aceptar sin reservas el divorcio y el gobierno secular. Los partidos cristianodemócratas que han tenido más éxito son los de  Italia, Alemania (en donde se acerca mucho a ser conservador), los Países Bajos y algunos países de América Latina, especialmente  Chile, Venezuela y República Dominicana, aunque también, gracias al trabajo de Arístides Calvani, en Centroamérica la presencia de la Democracia Cristiana es importante.

Chile ha tenido tres presidentes democristianos: Eduardo Frei Montalva (19641970), Patricio Aylwin (19901994) y Eduardo Frei Ruiz-Tagle, hijo del primero(19942000); Venezuela dos: Rafael Caldera (1969-1974) y Luis Herrera Campíns (1979-1984); y en República Dominicana Joaquín Balaguer ha gobernado por varios periodos. En su segunda presidencia Caldera se había separado del partido Copei. En América Central, tras varios años de dictaduras y gobiernos autoritarios algunos de los primeros presidentes civiles electos fueron demócrata cristianos: José Napoleón Duarte (El Salvador, 1984-1989), Marco Vinicio Cerezo Arévalo (Guatemala, 19861990). En Costa Rica, han sido electos presidentes por el Partido Unidad Social Cristiana (PUSC) Rafael Ángel Calderón Fournier (1990-1994), Miguel Ángel Rodríguez Echeverría (1998 – 2002) y Abel Pacheco de la Espriella (2002 – 2006).

En México y Paraguay, luego de largos períodos de monopolio de un solo partido, los democratacristianos fueron los primeros en romper con esas largas hegemonía; en México con el triunfo de Vicente Fox del Partido Acción Nacional y en Paraguay con la victoria del sacerdote retirado Fernando Lugo del Partido Demócrata Cristiano en coalición con otros grupos. En Venezuela la Democracia Cristiana nació con la fundación del partido Copei, como una reacción a la posible hegemonía de Acción Democrática después de la caída de Isaías Medina y la llegada al poder de Acción Democrática. Copei optó a la larga por usar el término “socialcristiano” y parecerse demasiado a Acción Democrática, el partido socialdemócrata, con el que alternó en la presidencia entre 1968 y 1988. Ese parecido terminó perjudicándolo, y en 1993, cuando parecía que volvería al poder de la mano de Oswaldo Álvarez Paz, Rafael Caldera, fundador y máximo representante de Copei, se separó de su partido, se lanzó por su cuenta con un heterogéneo grupo que él mismo llamó “cucarachero” y ganó la presidencia.

Al término de su quinquenio, el militarcito golpista, demagogo, incapaz, populista y corrupto Hugo Chávez, logró ganar las alecciones y acabó con la democracia (y la vida) de Venezuela. Copei, el partido democristiano de Venezuela, a la larga se dividió y fue intervenido por los chavistas. Por lo que hoy es imposible saber si alguna vez volverá a tener la fuerza que por algún tiempo tuvo.

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