Eduardo Sapene | “Quítate tú pa’ ponerme yo”

Eduardo Sapene

Hoy hablo como ciudadano venezolano, no como periodista. Al igual que muchos de ustedes me preocupa el futuro inmediato de nuestro país. A veces el bosque no nos permite ver los árboles

Si mi humilde opinión cuenta, hoy quiero dirigirme a nuestros líderes de oposición. Por favor depongan sus personalismos, dejen a un lado sus egos y únanse de una vez por todas. 

Parte de lo que estamos viviendo los venezolanos se debe a que, como loros enjaulados, repetimos al caletre consignas que terminamos por no creer ni practicar. Un ejemplo de ello fue aquella de “Prohibido olvidar” porque pareciera que lo primero que olvidamos fue aquellas aguas que nos trajeron estos lodos.

Nadie pareciera recordar que en 1998, un megalómano de verbo encendido, candidato a la Presidencia de la República se nos vendía como  un vengador que por su formación castrense, aval moral suficiente para aquel entonces, se encargaría de corregir los errores cometidos por sus antecesores en la presidencia, entre ellos la corrupción, las desigualdades sociales y la “cogollocracia de los partidos políticos” entre otros. 

Nadie pareciera recordar que después de resultar electo Hugo Chávez Frías, estableció una nueva manera de gobernar que yo he bautizado como  “El Medalaganismo” violando sistemáticamente la Constitución Nacional y las leyes de la república, para dar rienda suelta a su misión de destruir al país, su economía y sus instituciones tradicionales, haciendo lo que le venía en gana a él y a sus patronos de La Habana.

Nadie pareciera recordar que fue bajo la complicidad de algunos personajes resentidos, mediocres y sin ningunas credenciales, provenientes de las filas de los partidos políticos existentes, para aquel entonces, del círculo de intelectuales, de algunos medios de comunicación de marcada tendencia izquierdista, así como de gremios y sindicatos de formación Marxista-Leninista, que logró hacerse de un significativo apoyo para establecer como modelo al llamado: “Socialismo del Siglo XXI” y acabar con un modelo exitoso de democracia que él bautizó como “La IV República”.

Durante una década el veneno fue inoculado, la meritocracia para acceder a los cargos públicos fue sustituida por las designaciones a dedo de quienes garantizaban al dictador su permanencia en el poder bajo la sumisión incondicional a sus mandatos y estableciendo como política de estado el Quitate tú pa’ ponerme yo” que hoy se mantiene vigente y que, lamentablemente, ha sido adoptada por algunos seudo lideres de oposición (¿?)

Nadie parece recordar que mientras en los países más avanzados es condición fundamental para elegir a sus mandatarios y funcionarios públicos el que estos cumplan con condiciones de excelencia tales como: honestidad y probidad comprobada, años de dedicación e impecable trayectoria en el manejo de la cosa pública y ser los más aptos para el desempeño de sus funciones, mientras que en Venezuela nos conformamos con elegir al “menos malo”. Mediocridad vs. Competencia.

Con ese rosario de vicios adquiridos, nos enfrentamos ahora a un momento decisivo para nuestro futuro inmediato: Garantizarle a Maduro su permanencia en el poder o corregir los errores y salir definitivamente de la oprobiosa dictadura.

El primer engaño que debemos desmontar es que Maduro es algo distinto a Chávez. Maduro es el representante de un chavismo “reloaded”, para usar un anglicismo que bien lo define.

La estrategia del régimen le ha dado extraordinarios resultados: han logrado dividir a la oposición, tal y como lo hizo Chávez en 1998 y han hecho creer a la opinión pública que los logros del gobierno interino de Juan Guaidó no conducirán al cese de la usurpación del régimen y que su gestión ha sido ineficiente.

La verdadera oposición, la que busca el fin de la pesadilla más allá de apetencias personales, de egos inflamados, de intereses crematísticos, es la que cree y siempre creyó y no olvidó que: “El pueblo unido jamás será vencido”.

Prohibido olvidar que solos no podemos, que la responsabilidad no es solo de un hombre sino de un equipo calificado, de una real y sincera unidad y del apoyo invalorable de los más de 60 países a la gestión del gobierno interino.

El enemigo a vencer es el régimen oprobioso de Nicolás Maduro y nadie más. Cuando recuperemos al país ya tendrán tiempo los líderes de oposición de competir en buena lid y de ser electos para gobernar con apego a la Constitución y las leyes.

Al momento de escribir este artículo, Jorge Rodríguez está anunciando en cadena nacional “indultos” a 110 opositores al régimen, lo que luce a primera vista es otra trampa para engañar a la ciudadanía. Maduro no es un presidente legítimo y por ende los indultos no son legales porque ninguno de los liberados ha sido imputado por delito alguno, ni pesan sentencias sobre ellos, por lo que se reduce el asunto a una liberación de rehenes.

Si la liberación de los rehenes se dio como resultado de las negociaciones secretas entre el tirano y alguien que se arroga el título de líder de la oposición, para que la gente salga a votar el próximo 6 de Diciembre en las bufas elecciones parlamentarias, tratando de descalificar la ruta trazada por el gobierno interino y sus aliados internacionales y para darle una imagen de legitimidad al usurpador y su régimen, estaremos nuevamente en presencia de un vulgar: “Quítate tú pa’ ponerme yo”.

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