En automágico con Dr. G | ¿Por qué Mindfulness?

En automágico con Dr G

Algunas semanas atrás te conté que el mindfulness no es una moda para mí. Hoy te quiero contar cómo llegué a esta práctica milenaria, originaria del budismo. Pero antes de eso, déjame compartirte un poco sobre qué es el mindfulness y algunos de sus beneficios.

Mindfulness o atención plena es la capacidad humana básica de estar completamente presente, consciente de dónde estamos y qué estamos haciendo, y no ser demasiado reactivos frente a lo que sucede a nuestro alrededor.

El mindfulness es una cualidad que todo ser humano ya posee, es cuestión de aprender cómo acceder a ella. Es como una luz que ya brilla en ti pero que no la has visto de frente por estar confundida con el bullicio del externo.

Si bien la capacidad de prestar atención al momento presente es algo innato, se puede cultivar a través de técnicas comprobadas, particularmente meditación, y pausas cortas que insertamos en la vida cotidiana, las cuales yo llamo “pausas conscientes”. Al estar más conscientes de nuestro presente reducimos el estrés, mejoramos el rendimiento, y expandemos nuestra conciencia a través de la observación de nuestra propia mente. Creo que su basamento científico fue una de las razones por las cuales me interesó más esta práctica. Tanto la ciencia como la experiencia demuestran sus beneficios positivos para nuestra salud, felicidad, trabajo, y relaciones.

¡Okay! Ahora sí te cuento mi historia de cómo llegué al mindfulness.

Durante mucho tiempo viví con el piloto automático encendido sin parar. Desde que emigré a EE UU en el 2002, me dediqué a trabajar y a estudiar para cumplir mi sueño de ser profesor universitario. Definitivamente no fue fácil aprender un nuevo idioma, cursar estudios de postgrado y doctorado en ese nuevo idioma, dar clases en diferentes universidades para poder hacer un ingreso medio, y al mismo tiempo ser mamá y esposa. ¿Mujer?… no tenía tiempo para eso.

Todo mi cambio de percepción comenzó durante el tercer año de mi doctorado en el año 2012, cuando por prestarle atención al externo, empecé a descuidar lo que más importaba en mi vida: YO.  En la semana casi ni veía a mi hijo sino en las mañanas cuando lo dejaba en el colegio que para ese entonces solo tenía siete años; a mi esposo sólo lo veía en la mañana cuando le daba el café deprisa, pues tenía que salir a trabajar de nuevo. No hacía vida social porque siempre estaba trabajando, y en mis momentos libres estudiaba. El fin de semana era para arreglar la casa. Terminaba agotada para simplemente volver a empezar el lunes con la carrera automática sin fin.

Por favor no me tomes a mal. No me arrepiento de haber hecho todo lo que hice; ni tampoco me hago la víctima. Sólo te cuento cómo era mi vida para que entiendas mi insistencia en pararle al piloto automático, antes de que éste se vuelva tu peor enemigo.

Por si fuera poco, en medio de esta locura de vida que llevaba, mi madre empieza a dar señales de deterioro en su memoria. Una mujer trabajadora, independiente y de hierro, empezó a no coordinar sus ideas. Al principio pensábamos que eran cosas de la edad. Verla a ella así me hizo reevaluar mis prioridades y en medio de la búsqueda de entender la «genética» del Alzheimer (mi abuela también padeció de esta enfermedad) conseguí el mindfulness.

Los temas de espiritualidad práctica siempre llamaron mi atención. Mi papá leía Conny Mendez, y yo pues, leía sus libros también. Pero el mindfulness me cautivó por su simpleza, así que comencé a integrarlo en todas las áreas de mi vida, incluyendo mi salón de clase.

Así me convertí en practicante del mindfulness y desde entonces no he parado de compartir mis experiencias. Hoy en día, mis roles se han expandido. Sigo dando clases en la universidad, y actualmente lidero un equipo de más de 150 profesores. También soy mentora de liderazgo consciente, viajo frecuentemente como conferencista motivacional, y soy corredora aficionada, entre otras nuevas aventuras. 

Muchas personas me preguntan que cómo hago todo eso y aún me sobra tiempo. Pues el punto fue entender que prestando atención plena al momento presente, podía hacer todo lo que deseaba y vivir en bienestar. No se trata de dejar de hacer, se trata de SER haciendo. Lo mejor de todo es que ahora comparto con mi familia más y mejores momentos.

Cuando prestas atención al momento presente expandes tu tiempo.

En definitiva el mindfulness es para mí la herramienta que me llevó a vivir en ¡Automágico!

Espero mi historia te inspire a practicarlo.

Hasta la próxima semana!

Dr. G

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