Escritos Nocturnos | Asómate Capitán

De izquierda a derecha: Dra. Doris Jurado, Bernardo Jurado, Dr. Tony Soto y el periodista Roberto Céspedes

Por Bernardo Jurado

Sí, asómate, estoy aquí, ¿puedes verme?, el de la lancha blanca con negro, a tu estribor. No te veo, le contesté con sinceridad. Ok, observa que te estoy haciendo una señal

Yo estaba en mi apartamento y me llamó al celular para que lo viera. Ciertamente salí al balcón y entre el tráfico marítimo y luego de sus indicaciones, pude identificarlo a la distancia. Eso lo hacía cuando bajaba desde el norte hacia la tranquila bahía. Normalmente a bordo siempre estaban colegas de la televisión, personas con las que ambos trabajamos en los medios, todos profesionales y simpáticos a cuál mejores.

Roberto Céspedes, Julio Lastra y otros queridos productores. Sin saberlo, llamé a Camilo Egaña ayer, porque quería verlo, quería compartir con él una buena noticia y Camilo, el fraterno Camilo, estaba triste, desolado. ‘Mi amigo, mi médico, se esta muriendo de Covid 19, ya tiene quince días luchando, pero hay severos compromisos renales’ me soltó a quemarropa. Sin saberlo me disculpé, me solidaricé. ‘Pero es que Tony es tan fuerte’ asintió, e inmediatamente le pregunté: ¿cuál Tony? ¿Tony Soto? Cubano, sonriente, siempre sonriente, de cincuenta y tantos, arriesgado, deportista, futurista, cada vez que encendía mi televisor allí estaba, con Oscar Haza, con Pedro Sevcec, con todos los grandes entrevistadores de habla hispana en el Sur de Florida, que le escuchaban como lo que era, una referencia y además poseía algo que no se enseña y que en el medio llaman ‘delivery’, es esa suerte de capacidad, de intuición, de talento para que las cámaras se regocijen con tu presencia, para que las cámaras y el público te sonrían, te acepten, te amen.           

La última vez que le abracé, fue en la presentación de uno de mis libros, donde asistió junto a nuestro fraternal amigo Roberto y le dediqué a ambos algunas palabras de mi corazón. Loco, era un loco querido, subió el Monte Everest y cantó en la cima el himno de Cuba y le llamé alguna vez para pedir su siempre acertado consejo. El doctor Tony Soto falleció producto del coronavirus que azota al planeta, esto no es un juego, este virus no es poca cosa. Una vida llena de estudio, un apostolado explicándole a todos cómo prevenirlo, cómo defenderse del absurdo y oculto enemigo. Son las cuatro y veintiséis minutos de la madrugada amaneciendo sábado y estamos tristes por un lado, estamos tristes porque no estará ya más entre nosotros, pero por otro lado, ese lado amable que en él fue exponenciado debemos entender que siempre estuvo en la primera fila, en la fila de enfrentar el virus, de ayudar a todos, de inspirar, de amar a su profesión y al prójimo. 

Tony y su familia llegaron a la libertad desde la Cuba aberrante y no perdió el tiempo para homologar sus conocimientos médicos y estudió en Harvard University y comenzó una descollante carrera en el primer mundo. La ciencia, la medicina, la comunidad, la televisión, pero, sobre todo, nosotros sus amigos, hemos perdido a una excepcional persona. Paz a su alma buena.

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