Escritos Nocturnos | El precio del miserable

Sebastian-Romero
Sebastián Manuel Romero, acusado de vandalizar un vehículo de la policía de Miami

-Toc, toc, toc.

-Buenos días, ¿es usted el señor Sebastián Manuel Romero?, preguntó el oficial de la policía del condado de Hernando al Norte de la bella ciudad de Orlando en la Florida. Los esfínteres se aflojaron mientras su mente se preguntaba: ¿Cómo llegaron hasta aquí, cómo me consiguieron si me acabo de mudar a este pueblo olvidado?  

-¿Es o no es Sebastián Manuel Romero?, porque aquí tengo una foto suya, su identificación por favor. Debemos aclarar que esto pasaba en la puerta.

-Déjeme buscarla que la tengo adentro.            

-No, contestó el oficial, con serenidad profesional. Le informo que esta usted bajo arresto por los cargos de vandalismo en la ciudad de Miami en los eventos de los revoltosos que apoyaban al fallecido George Floyd.            

Ya en este momento Romero de apenas diecinueve años, estaba seguramente llorando y sacando cuentas de la patada voladora que le darían a su caso de inmigración que le dejaría la bota de la ley marcada en el procto, por siempre, mientras lo trasladaban en un vuelo hasta Maiquetía, no sin antes purgar cárcel en una federal en los Estados Unidos y yo en lo personal me siento muy contento.            

Junto con Romero, fueron siete malandrines detenidos que destrozaron una patrulla de la Policía del Condado de Miami Dade y en particular el estúpido Romero se ve en un video rompiendo el parabrisas de la patrulla, jugando al vengador anónimo, al Robin Hood pendejo, al chiste de sentirse más poderoso que la ley del país a donde vino huyendo precisamente de lo que él hace aquí y yo como venezolano-americano, me siento feliz de que la partan la crisma y que entienda que por tipejos como él, ustedes y yo perdimos a nuestro país, porque como comprenderán Hugo Chávez y sus ladrones, no hubiesen destruido el país sino hubiesen tenido la ayuda de muchos Sebastián Manuel Romero, delincuentes, sin principios ni valores, pero está bien, es divertido todo esto, porque aquí, cuando le ley te llega, te amputa parte de la cara con el anzuelo de la justicia.            

A los jóvenes y no tan jóvenes venezolanos, que piensan que pueden venir a estas tierras a replicar sus vicios del tercer mundo impunemente, pues véanse en el espejo de este miserable que está pagando un alto precio por la gracia. Mientras tanto la única lástima que siento es por los padres del tonto de la generación de Nicolasito, el adiposo y retardado hijo de Maduro, que ha aprendido a actuar de la misma manera.            

El éxito tiene un precio a pagar, nada es gratis, pero los que deciden ser miserables pagarán uno mayor, mientras exista la justicia, la ley y el orden.

Bernardo Jurado es el autor de ‘La fragancia de la rebelión’ y ocho libros más, todos a la venta en Amazon y las más prestigiosas librerías de Miami y el mundo.

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