Fácil, no es. Imposible, tampoco. Punto.

MininArevalo
Minín Arévalo, creadora y líder de Cincuentásticas, un movimiento de latinas emprendedoras.

A manera de introducción educadísima.

Me encanta saludarlos a través de esta increíble ventana que hoy me abre RCTV en su plataforma digital. Y no solo me encanta hacerlo, sino que me da un poco de nostalgia y mucho orgullo. Me explico rapidito para ir al grano.

Cuando estudiaba periodismo en la UCAB (Universidad Católica Andrés Bello) en Caracas, Venezuela, en mil novecientos no me acuerdo, buscaba desesperada pasantías. Siempre tuve la visión –desde los 17 años- que para hacer currículo había que trabajar desde la época universitaria. Y entonces, en esos años, una de mis casas fue precisamente el departamento de producción de prensa de lo que antes se llamaba Radio Caracas Televisión.

Que me contacten aquí en Miami para tener mi columna, lo menos que puede hacer es enorgullecerme, como dije, y producirme una profunda melancolía por aquel país pujante y maravilloso que éramos antes de que la historia reciente cambiara el rumbo de los acontecimientos.

Peroooooo, yo no vine aquí a escribir de eso. 

¿Qué no es fácil?

Comienzo con la parte primera de mi disertación. No es soplar y hacer botella esto de emprender. Y menos, si ya tienes cuarenta y picote –epa, no es que a los 23 sea un paseo, pero siempre es un pelín menos complicado, porque eres mucho más ágil.

Hoy en día, la HUMANIDAD ENTERA y lo pongo en grande está emprendiendo. A veces, siento que eso de autollamarnos “emprendedor” es mucho más una moda, un si no lo digo no estoy en nada, que una realidad. A veces, no obstante, pienso que no. Que de verdad es una tendencia que llegó para quedarse esto de ser autónomo y que cada minuto que pasa las grandes corporaciones están perdiendo terreno a favor de quienes trabajamos para nosotros mismos y para pequeñas comunidades.

Entonces, dónde no es fácil. En el arranque, en el medio y al final. Mentira, es por bromear. Definitivamente es mucho más duro al comienzo, e insisto, sobre todo cuando haz soplado muchas velas en tus cumpleaños y más aún cuando lo haces fuera de tu país.

Hay una gran cantidad de escollos que debemos sortear: idioma, legalidad, falta de posicionamiento, poquitos amigos, mayor necesidad de dinero para poder mantener la cabeza a flote y podría pasar horas de horas escribiendo más razones. 

Ahora bien, todo eso es una realidad como una catedral. Es innegable. Como también lo es que tienes dos caminos: te sientas a quejarte de tu suerte, de que estás envejeciendo, que eres poco diestro para la tecnología, que tienes muy poca plata, bla, bla, bla… o, te pones un par de pilas y sales a comerte al mundo con todo y ese pocotón de cosas supuestamente en contra.

No soy de frases hechas y me aburre sobremanera la que habla de la dichosa “zona de confort”, pero de que aquí pega, lo hace. Te levantas, te sacudes y arrancas, o trabaja de ascensorista en un edificio de una planta el resto de tu vida.

Por qué no es imposible

Porque si dejas a un lado la quejadera y te autodeterminas. Triunfas. Eso es casi una ecuación matemática comprobada que se cumple el 99.9% de los casos. Ya sé, vas a decir que no, que hay gente que fracasa y otra vez el bla, bla, bla. 

Yo te digo que sí. Que tienes razón. Pero fracasa porque se queda en el primer intento. Porque no avanza de la mitad del camino hacia allá. Porque abandona tres minutos antes de dar el siguiente paso. Todos, absolutamente todos, hemos tenido una idea que creíamos genial que no ha servido para nada. Pero todos también, tenemos en esa idea fracasada una tremenda oportunidad.

Una oportunidad de aprendizaje increíble y una de escuchar al entorno mejor aún. Si tú hacías sanduchitos de queso envueltos en hojas de plátano y en vez de vender 100 vendes tres, algo está mal, evidentemente. Vuelvo con lo que ya dije de los dos caminos: dejas de vender sánduches o cambias la hoja de plátano por una bolsita papel (para que seas totally green, tú sabes) y de paso, le metes a la bolsita una manzana y un cuartico de jugo. 

Yo soy obsesionada con eso de ver siempre, SIEMPRE, el vaso medio lleno. Me desespera la gente que lo ve vacío.

Y es allí por donde quiero comenzar esta columna en la cual estaremos tratando temas de mujeres, de mujeres de la mediana edad, pero sobre todo de mujeres emprendedoras. Vamos a dejar de lado la quejadera, la actitud pesadumbrosa, las infinitas ganas de dar lástima o la falta de valor para salir a comernos al mundo.

Yo necesito que en este instante pares de leer. Cierres los ojos (lee primero las instrucciones, jajaja!) y me digas quién te dijo a ti que para emprender tú necesitas ser joven, tener mucho dinero, tener cubierto un año de tu presupuesto (me choca cuando dicen esto y después te cuento más de lo que yo he hecho con 0 dólares en la cartera), hablar 7 idiomas, ser hermosa, flaca y así síguele poniendo ideas locas a esta lista.

Cuando vuelvas a abrir los ojos y hayas visto en tu mente a quienes te lo dijeron, te darás cuenta que los fracasados son ellos, que tienen una pobreza de espíritu proverbial, que te envidian horrible porque tú tuviste el valor para lanzarte que a ellos y a su comodidad les faltó y que no soportan la idea de que tengas éxito.

Entonces, para decirlo en buen venezolano –que ya sabes que soy de allí, “no le pares pelota” a esa gente. No permitas que nadie, nadie, NADIE, te diga “eso no lo veo”, “quién te va a comprar”, “quién eres tú para que te crean”, “no eres una influencer”, “no eres suficientemente bonita o flaca” y así.

Tú eres el perfecto influenciador de tu vida. Tú tienes todo el poder de crear y de emprender –y no lo digo desde el punto de vista holístico, porque esa no es mi área-. Eres grande, eres poderoso. Solo necesitas una sola cosa y la nombré muy de refilón más arriba. Solo necesitas AUTODETERMINACIÓN. Porque no hay fuerza en todo el universo que pueda con eso.

Tenemos mucha tela para cortar aquí. Tenemos mucho de que hablar y tenemos mucho que aprender juntos. Entonces, acompáñame el próximo jueves.

Si hay algún tema en específico que quieres que toque dentro de mi espectro de comunicaciones, emprendimiento, relaciones públicas, redes sociales, marketing tradicional y digital y, obviamente, todo lo que tiene que ver con la mediana edad, escríbeme un correíto a [email protected] y por allí nos vamos hablando para hacerlo.

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No te vayas sin decirme si para ti eso de emprender es de terror o si ya formas parte del grupo de quienes luchamos por nuestros sueños.

Los leo!

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