Horacio Medina | Venezuela: Kramer vs Kramer

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En términos generales no nos ocupamos en nuestros artículos de abordar el tema político de manera explícita. Sin embargo, en esta ocasión, sentimos la necesidad de hacerlo y nos mueve el imprescindible espíritu de unidad para lograr desplazar del poder al régimen de Nicolás Maduro. Apelamos al símil que nos ofrece, una película de finales de los años 70 que, dicho sea de paso, nada tiene que ver con el tema político

Hace ya algunos días, conversábamos con un amigo y salió en la conversación el tema de Kramer vs Kramer, un libro convertido en bestseller, llevado a la pantalla grande en 1979 con dos grandes protagonistas como Dustin Hoffman y Meryl Streep, película que rompió el esquema fuertemente arraigado en la sociedad cuando se da un rompimiento matrimonial que, por el solo hecho de ser mujer, automáticamente la custodia de los hijos debe pasar a la madre; y resaltó el importante papel del padre y su derecho a ser él quien permanezca en el hogar y al cuidado de la cotidianidad del niño.

Kramer vs Kramer relata la historia de Joanna y Ted Kramer, un matrimonio que comprueba lo duro que es construir futuro de éxito en Nueva York, pero que lo asume con alegría, esperanza y entusiasmo gracias a su pequeño hijo, Billy de seis años.

Sin embargo, un día Joanna, incapaz de sobrellevar las cargas de la vida familiar y de sus propias ambiciones insatisfechas, abandona el hogar familiar, justo cuando Ted es promovido a un cargo superior. Ted sigue solo, estableciendo con su hijo un lazo que nadie, salvo los tribunales, puede deshacer.

Joanna reaparece de forma repentina y decide que quiere recuperar a Billy. Ted se ve obligado a luchar por el derecho a retener a su hijo, al igual que lo hará Joanna. Los conflictos escalan y sin importar quién está en posesión de la verdad, ambas partes se ven envueltas en determinadas circunstancias y se comportan, siendo fieles a la mejor parte de sí mismos y ninguno de los dos está dispuesto a renunciar a lo más preciado: su hijo.

A partir de Kramer vs Kramer, nos planteamos una reflexión que nos lleva a establecer similitudes con nuestra realidad política. Nos referimos, claro debe quedar, a las discrepancias que rodean a los sectores democráticos del país. Justo cuando estábamos en esta reflexión, nuestro dilecto amigo Eddie Ramírez publicó un artículo titulado “Oposición vs Oposición”, en el mismo tenor y dirección, sin embargo, decidimos publicar nuestro artículo y sumarnos a esa preocupación. 

A quienes integran el gobierno legítimo (Ted); a los que lo integran, pero no se sienten involucrados y, a los que lo integraron, pero que, hoy se plantean la separación (Joanna), para establecer un concubinato suicida con el régimen forajido que, terminará por aniquilar la posibilidad real de ver crecer, saludable a la libertad y la democracia en Venezuela (Billy). 

Sí, todos (Ted y Joanna) a lo interno, enfrascados en una lucha intestina y fratricida que no considera al enemigo cierto y real que, amenaza de muerte a la libertad y a la democracia (Billy, el hijo amado) y que, cada día, desde afuera, incentiva esa lucha interna para distraerlos y separarlos (a Ted y Joanna), y que acabará secuestrando y liquidando a la libertad y a la democracia (Billy).

Desde aquí hemos hecho y seguiremos haciendo lo posible por alertar, por aconsejar, por señalar el necesario cambio de actitud. Hemos hecho y seguiremos haciendo los esfuerzos por hacer entender que los intereses subalternos y las razones individuales no pueden ser más relevantes que el interés primordial de lograr que la libertad y la democracia puedan regresar y crecer en Venezuela. 

Como nos ocurrió con el libro y la película, no queremos tomar partido, ni por Ted, ni por Joanna. Nos preocupa y nos motiva Billy, el gran ganador o el gran perdedor, según sus padres aborden la separación: disputada o acordada. 

Hoy nos ocupa hacerlos entender que solo bajo la propuesta de continuar, casados o separados, pero articulados y unidos, bajo proceso de negociación y conciliación, haciendo esfuerzos de proteger a Billy, el juez podrá con su sentencia abrir el camino a la solución del caso, para el bien de todos.

Todos estamos obligados a ocuparnos en enmendar este inexcusable error, porque todos tenemos una alícuota de responsabilidad y un objetivo común. 

Hagámoslo por Billy, por Venezuela.

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