@cincuentasticas|De cómo y porqués

Minin Arevalo

Te levantaste un día y dijiste: “voy a emprender”. Yo sí puedo, lo haré, lo tengo todo listo. Saliste de tu casa, compraste tus materiales –si es el caso- y comenzaste a producir. O, si por el contrario es un servicio lo que prestas, hiciste tu catálogo y te fuiste a comer al mundo.

Así, encontraste varios clientes. Unos “one shoot” y otros un poco más recurrentes. Pero aún no tienes lo que se llama en términos de mercadeo tradicional, fidelización. Lo mismo te compran un ponquecito a ti, que a la otra que lo vende en la esquina de enfrente si hace una promoción o les queda más cerca.

Esto tiene una razón. Yo la llamo el cómo y los porqués.

Para fidelizar, hay que conectar

Una vez que tienes tu lista de sabores, tu esquema de precios, tu balance de ganancias y pérdidas y todo eso tan necesario en un negocio que inicia –o a mitad de camino, eso no importa- pero sientes que tu producto o servicio es para la gente. No para tus clientes y tú, como buen comerciante, lo que quieres es tener clientes, porque allí es donde están las ganancias. No tienes idea de cómo fidelizarlos y de lograr ponerle gríngolas para que no volteen. Y nada. No lo logras.

Entonces, viene el cómo. Si, el cómo le pones unas tablitas a los lados de los ojos para que no vean a nadie más que a ti. La respuesta es tan sencilla que parece tonta: conectando.

Ahora me vas a preguntar: “sí, pero ¿cómo hago eso?” Te vuelvo a responder con una sola palabra: fácil.

Vamos a ver. Las personas pasan de “gente” a “cliente” cuando se crea un vínculo. Es lo que tienes que tratar de lograr. Piensa en este momento: ¿con cuáles marcas eres fiel? Con aquellas, seguramente, con las que entra en juego la emocionalidad.  Por ejemplo, si antes de vivir en estados Unidos, cuando venías de vacaciones ibas a comer hamburguesas en McDonald’s, por más que hagas dietas en tu vida y que conozcan millones de otros establecimientos más o menos saludables, más o menos económicos, más o menos cerca o convenientes, cada vez que te provoque un sanduchito de carne, vas a ir a McDonald’s porque evocas esa conexión de tus inicios; ese viaje con tus padres o con tu primer novio o, porque en tu país de origen le celebraste el primer año a tu hijo en un establecimiento de esos y la pasaron tan bueno que es de tus recuerdos imborrables.

Es lo mismo. Sí. Igualito.

Tú te conectas con esa emoción y le eres fiel a ese recuerdo.

Y ahora me vas a decir, Minín, pero yo no soy McDonald’s. Obvio. Lo se. Pero tienes una historia. Y allí, en ese cuento están los porqués.

Narra tus hechos

Cuando la masa te conoce, deja de ser un grupo difuso para convertirse en tus amigos. Vuelve a pensar. Cada vez que vas al farmer market cerca de tu casa, le compras los champiñones a la misma señora. Y lo haces, porque ella te contó que nació en un pueblito en donde había cosecha de todo tipo de hongos y su papá le enseñó todos los secretos de la oscuridad para poderlos hacer crecer. Te dijo que tenía desde trufas hasta portobellas y que la salsa tipo ragú que hacía su abuela era la mejor de toda la campiña italiana. Que luego vino la guerra y lo perdieron todo. Que huyeron a América y que aquí les costó un monto recomponerse para poder comenzar de nuevo con la producción, hasta que consiguieron en Tampa un terrenito y lograron la primera siembra. Ya está. Tú nunca más mientras vivas le vas a comprar champiñones a nadie más. Tú estás enganchada con esa historia maravillosa y no se te ocurre, ni por un momento, ir al supermercado a adquirir una cajita de ese producto hechos sabe Dios bajo que parámetros. 

La señora, con su cuento, puso su vida al servicio de tus emociones. Tu viviste cada paso con ella. Su travesía en barco, las bombas, la desolación. Te conectó el exilio, la migración, los sabores de tu tierra. Es eso.

Entonces, tú no estás comprando el producto en si. Tú estás comprando la historia, a la señora, a lo que ella representa, a lo que tuvo que vivir. Y ella te tendrá fiel a su puestico en el farmer market por siempre jamás.

Cuando cuentas tu historia y narras tus hechos, estás conectando realmente con las personas. Estás haciendo comunidad. Cuando solo ofreces productos o servicios vacíos y huecos, cuando solo pones anuncios en tus redes sociales sin mostrarte o narrar quién eres y por qué haces lo que haces, es probable que vendas un par de piezas de eso que tienes, pero te costará un mondo crear fidelidades.

Resumo

La gente te quiere a ti y te busca a ti. Quiere saber el motivo por el cual haces lo que haces. Le motiva al comprarte saber de dónde viene tu talento, tu pasión, la forma en la que haces las cosas. Muéstrate. Deja que te vean, haz que te lean, regala pedacitos de tus dulces, haz una guía que enseñe parte de tus servicios. Obsequia una receta al mes…

Conecta. Interacción es la palabra clave y si no cuentas lo que tienes para decir, créeme que no lo vas a lograr.

En la calle hay millones de personas. Conviértelos en tus amigos. Allí estarán tus clientes más fieles.

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